domingo, 31 de mayo de 2020

STYXHEXENHAMMER666

O sea, hablemos de Tarl Warwick, que es este mozalbete de Vermont:



Como pueden ver, lo primero que sabemos sobre su persona es que es un vloger. Un vlogero es como un bloguero que a diferencia del bloguero normal es todavía más Narciso y necesita que no solamente lo que piensa sea conocido, sino que la gente sepa cómo es su careto. También, si escarbamos un poco, podemos intuir que su nick podría ser una referencia/homenaje al infame tratado inquisitorial sobre brujería tardomedieval Malleus Maleficarum de 1487. En este texto se dice, entre otras movidas, que es un hecho cierto y constatado por testigos que las brujas y los hechiceros son propensos a robarles las pollas a sus legítimos propietarios, para guardarlas en nidos de pollas en las copas de los árboles malditos, donde son vigiladas por gatos negros que en realidad son demonios del infierno. Como ven, una lectura imprescindible para comprender los fundamentos del mundo moderno.

El caso es que el careto de Tarl es fascinante, digno del vlogerismo, y junto con su chaqueta de cuero negro que a veces se pone sobre el torso desnudo, su pelo largo y lacio y su bigote con reminiscencias ha conformado una especie de imagen corporativa unipersonal que podríamos denominar Industrias Audiovisuales de Comunicación Tarl Warwick. En noviembre de 2017, que es el momento en que empecé a seguirle en YouTube, tenía 155K followers y sus vídeos habían sido visto por unos 55 millones de personas. Unos números que el vloger medio no se atreve ni a imaginar. Ahora nuestro personaje tiene un podcast, ha escrito un libro, su canal tiene 400K suscriptores, ha sido escuchado, visto o padecido por 238 millones de personas y en abril anunció su intención a presentarse al puesto de gobernador de Vermont. Una carrera meteórica hasta las más altas cumbres del poder y la infuencia.

Antes de comenzar a desgranar la Weltanschauung de Styxhexenhammer666 debo decir algunas cosas sobre la captura de pantalla que aparece arriba, en aras de la claridad. He estado pasando ratos muy entretenidos viendo los vídeos de Tarl, pero no he encontrado ninguno sobre la supuesta serie de Las Chicas no Quieren tener Citas con Moi because Feminismo, y por lo tanto no estoy seguro de que ese vídeo o vídeos existan realmente. Podría tratarse de un engaño perpetrado por la Shift Left o el Deep State o la cábala luciferina illuminati con la intención de desprestigiarle, cosa que afirman muchos de sus fans abonados al movimiento QAnon. O puede ser que esos vídeos generaran tanta controversia y ataques a la persona de Tarl que Tarl haya decidido borrarlos, tal y como afirma una persona que mantiene un subtablero de 4chan exclusivamente dedicado a la carrera de Tarl. Quién sabe. Probablemente nunca sepamos la verdad y eso.

Vamos con la cosmovisión de Styxhexenhammer666. 

Filiación política

Las simpatías políticas de Tarl son bastante confusas, y solamente intentar resumir sus opiniones al respecto ocuparía mogollón de espacio y ancho de banda, pero voy a intentarlo. Por lo que entiendo, en un primer momento Warwick se posicionaba como >progresista, hasta que en 2016 o así empezó a tontear con lo que se conoce como >Alt Right, sin declararse, al mismo tiempo, abiertamente altraigista. Sin embargo, nuestro protagonista era también una voz habitual en los podcasts de Richard Spencer, y el Richar sí que se vanagloriaba de su pertenencia a la Alt Right así que... a saber. Una de las últimas noticias al respecto es la declaración entre titubeos de Tarl en el sentido de que (no es cita literal) "vale, se podría decir que estoy más o menos en los límites marginales del altraigismo, pero no soy altraigista cien por cien". Pero asimismo debemos considerar que otro día afirmó pertenecer realmente a la >Alt Lite (según algunos, políticamente equivaldría a tener instalado en el móvil Facebook Lite en vez del Facebook normal, pero en esos temas admito que me pierdo). Y resulta que un buen día Warwick se levantó de la cama y decidió que lo era realmente es un convencido adepto del >minarquismo, esto es, un >libertario estadounidense de toda la vida. Atención: los residentes en España podrían interpretar el último término de forma errónea, ya que ser un libertario en los Estados Unidos no significa lo mismo que ser un libertario en España. Significa más bien lo puto contrario. 

En fin, el carácter indeciso y cambiante de las ideas políticas de Tarl es bastante habitual en él. Por ejemplo, se sabe que en la página Goodreads Styxhexenhammer666 puntuó con 5 estrellas el best-seller de Adolfo Hitler Mi lucha, pero también es sabido que en otro momento opinó que el plan eugenésico nazi era "idiota" (esto sí que es literal). ¿En qué quedamos, Tarl? Similar falta de concreción se aprecia en sus ideas acerca de la Shoá que ha tenido a bien compartir con sus seguidores y seguidoras. No niega que el Holocausto haya tenido lugar, pero dice tener serias dudas acerca del número de víctimas (argumento negacionista de tipo I), y también sobre la proporción entre judíos víctimas de la acción violenta perpetrada de forma directa por los nazis y sus esbirros y judíos que perecieron por hambre y enfermedad (argumento negacionista tipo IIIb). Además, tiene un problema con el Zyklon B: no cree (básicamente porque estudió el tema en la universidad de sus cojones pelúos) que este producto se usara a escala masiva y con fines genocidas, sino que se trató más bien de pequeños ensayos intrascendentes que luego han sido muy exagerados. Las seguidores y seguidores de Tarl también tienen problemas con el Zyklon B, y más en general con lo que ellos creen que es una gran metira con la que los hijos de puta de los judíos chantajean al mundo libre, y no se privan de expresar esas dudas en la sección de comentarios de los vídeos de Tarl sin mayores consecuencias. 

Lo que está claro es qué odia Styxhexenhammer seis, seis, seis, cuál es su bestia parda más que cualquier otra cosa, en qué consiste la terrible sombra que le impide conciliar el sueño por las noches. Sí, existe un brutal oponente metafísico contra el que nuestro héroe lucha 24/7 sin desfallecer colgando un vídeo tras otro soltando paridas, y no es otro que ¡el >comunismo!

Acerca de la inmigración y la política exterior

Parece ser que, cuando era progresista, Tarl era partidario de la inmigración y apoyaba que Estados Unidos acogiera en su seno a cuantos más muertos de hambre mejor. Pero tras su milagro de Damasco de 2016 este punto de vista ha cambiado radicalmente. Ahora cuenta a quien quiera escucharle que su país ya no tiene "espacio" (sic) para que quepan en él tantos muertos de hambre, y en este sentido parece estar de acuerdo con las políticas anti-inmigración de la administración de El Trumpo, entre ellas la construcción de un muro entre los Estados Unidos y México Grande y Querido y el veto a la entrada en el país de los moromierdas, que él llama, más respetuosamente, "inmigrantes de los países islámicos".  Sin embargo, no todo en Warwick es trumpismo triunfante. No cree que sea bueno, por ejemplo, que la intervención militar de su país en Siria continúe y que además esté basada en el uso de drones y milicias proxies. ¿Y eso por qué? Mi inglés no llega a tanto, sobre todo si es el inglés masticado de un ocultista nazi demente y probablemente virgen de Vermont.

Miscélanea sobre temas de actualidad

¿Qué opina Tarl sobre Nelson Mandela? Opina que es un puto terrorista y cuando Madiba murió Warwick subió un vídeo en el que no se le veía precisamente apenado.

Para Tarl la guerra está mal, excepto cuando se emprende para defender la soberanía de la nación, en cuyo caso sigue estando mal pero resulta, por desgracia, necesaria.

Las creencias de Martillo de Brujas acerca del feminismo son un poco más complejas. En principio, da su beneplácito al feminismo en tanto en cuanto movimiento político que lucha contra las desigualdades entre hombres y mujeres, pero al mismo tiempo desprecia el llamado >feminismo de la tercera ola, que cree infiltrado por el diabólico comunismo (porque Tarl es un creyente confeso en la denominada >conspiración del marxismo cultural). No obstante lo anterior, Tarl tampoco comulga del todo con el credo de los movimientos >MGTOW (siglas de Man Going Their Own Way, Machirulos que Siguen su Propia Senda). Una vez más tenemos una prueba de independencia en sus juicios de Warwick: considera que tanto el feminismo de la tercera ola como los mgtows son deleznables ya que ambos coartan o comprometen en diversos grados la libertad sexual humana. 

Con respecto al movimiento LGTBI, Tarl apoya la instauración de derechos y justicia para gais, lesbianas, transeuales, bisexuales e intersexuales de todo el mundo, apoya el matrimonio homosexual y critica a El Trumpo por poner trabas en este último aspecto en lo que son  los Estados Unidos. Al mismo tiempo, Warwick es partidario de las TERFs. Siempre dando una de cal y otra de arena.

Religión

En lo que respecta a las ideas religiosas, nuestro amiguete dice despreciar las grandes religiones monoteístas organizadas: las considera peligrosos tejemanejes encabezados por charlatanes que lavan los cerebros de la gente. Pero tampoco es ateo o agnóstico. Tarl se considera a sí mismo una persona "espiritual" (sic) y habla en términos positivos de neoreligiones marginales como la wicca o la santería. Además, es un flipao de todo lo oculto, lo misterioso, lo numinoso, lo paranormal y lo inexplicable, y le gusta perorar acerca de movidas tales como la Atlántida, los chacras o los platillos volantes nazis de la Tierra hueca con aire de entendido.

Warwick y la 100cia

Los conocimientos científicos de Tarl, el Vloguero Libertario, son un misterio. Pero hay pistas diseminadas aquí y allá en sus larguísimos vídeos donde, con voz monótona, desgrana sus múltiples quejas acerca de todo lo que existe o puede llegar a existir, y llora sobre lo desgraciado que es, y se muestra confundido ante el hecho de que no todo el mundo le escucha, o le comprende... En fin, de vez en cuando Warwick se descuelga con algún comentario vagamente relacionado con la ciencia. Así, niega el cambio climático antropogénico, lo que es no es muy original ya que por lo que tengo entendido muchos o la mayoría de los minarquistas y randroides estadounidenses lo hacen. Más curiosas, o peregrinas, son sus por así llamarlas teorías antropológicas. Así, afirma que las razas humanas no son una construcción cultural (una construcción cultural peligrosa) sino un hecho biológico, y no se queda en eso. También cree que es un hecho biológico la clasificación adaptativa entre las diferentes razas, y su colorario de que algunas razas son mejores (en el sentido que sea) que otras. Lo curioso es que Styxhexenhammer, el hombre que sube vídeos a YouTube con un chaqueta de cuero ocultando parcialmente su lampiño y blanquecino y huesudo torso, cree que él pertenece a una de estas razas no vamos a decir superiores, sino... más adaptadas. Eso es. Razas más adaptadas no suena tan jodidamente nazi, verdad. Sea como sea, te doy la enhorabuena desde aquí Tarl: no todo el mundo puede presumir de pertenecer a la raza adaptada. 

Otra cosa más: Warwick no cree que que la mulier y el homo sapiens se originaran en África. No en vano, es en África donde vivía ese cabrón de Mandela. Todo puede ser, pero quizá el bueno de Tarl crea eso por los motivos equivocados.

También es un firme defensor de la energía solar y otras renovables. El neonazismo no es incompatible con el ecologismo. 

 El lado conspiranoico

Muchos norteamericanos incurren en parte o del todo en el pensamiento conspiranoico, no en vano su país nació de una conspiración contra Inglaterra. Sin embargo, no es tan habitual que una sola persona albergue en su sesera tanta morralla conspiranoica como nuestro Tarl. Aquí va un resumen necesariamente breve porque el tema se las trae:

1. Según Warwick, no deberíamos confiar en los Medios de Comunicación de Masas (a partir de ahora MCM). De la misma forma que no deberíamos fiarnos en esas personas, por lo general nuestros padres y nuestras madres, que nos dicen que los regalos de Navidad los trae un señor gordo con una barba blanca que vive en puto Polo Norte (y que a lo mejor es Marx disfrazado, mirad el traje que lleva). En el mundo mental de Tarl parece que existe la siguiente equivalencia exacta: MCM= fake news. Por MCM debemos entender cualquier corporación que controle servicios de noticias tanto en la televisión como en la radio como en la prensa escrita como online, desde el Washington Psst hasta la CNN pasando por la Fox y el Huffington Psst (medio que aborrece especialmente). Para dar sustancia a esta idea Tarl habla largo y tendido en muchos de sus vídeos sobre la llamada Operación Mockinbird. Esta supuesto y complejísimo y en última instancia exitoso intento por parte de la CIA de controlar todos los medios de comunicación del país en las décadas de 1960 y 1970 es uno de los temas estrella de muchos foros estadounidenses de la paranoia, así como en multitud de blogs con fondo negro y tipografía sans serif de muchos colores que piden dinero para sufragar los costes de la milicia ciudadana local.

2. Como se ha visto antes, Styxhexenhammer666 abomina tanto del feminismo de la tercera ola como del estilo de vida MGTOW. No solamente piensa que debido a las ideas de esos grupos no moja el churro. Parece estar convencido de que hay alguien o algo muy gordo detrás de esas movidas y que su objetivo es harto siniestro, en un sentido no muy concreto pero, hostia puta, ya hemos dicho que es siniestro. Siniestro que te cagas. Alguna mierda comunista seguramente.

3. Tarl cree que Osama bin Laden no murió a tiros sino de insuficiencia renal y más tarde de lo que dijo Barack. Incluso es posible que esté vivo.

4. Warwick niega que el síndrome de Asperger sea una condición clínica real. Según su punto de vista, todas aquellas personas diagnosticadas con Asperger no son más que trolls de hinternek con personalidades de mierda pero completamente funcionales, hasta que se suicidan, en cuyo caso es normal porque según Tarl tienen personalidades de mierda. Caso cerrado.

5. Para Tarl, Pearl Harbor fue una operación de falsa bandera por parte de la administración Roosevelt, en el sentido de que esos burócratas criptocomunistas de Washington conocían perfectamente las aviesas intenciones de los japos y les dejaron hacer. El objetivo de los burócratas criptocomunistas era meter a América en una guerra que no quería. 

6. Para Tarl, lo de las Torres Gemelas fue una operación de falsa bandera por parte de la administración Bush, en el sentido de que esos ladrones de Washington conocían perfectamente las aviesas intenciones de los saudíes y les dejaron hacer. El objetivo de los ladrones era etcétera, etcétera.

7. Warwick está convencido de que las supuestas interferencias de Putin en las elecciones presidenciales de 2016 fueron un intento de los partidarios de Hillary en el Departamento de Estado para desprestigiar a El Trumpo. No tiene pruebas de esto, pero tampoco dudas.

8. Por otro lado, Styxhexenhammer666 cree que el Pizzagate no es lo que parece, sino otro hoax pergeñado por el Departamento de Estado para hacer pasar a los partidarios de Trump (muchos de los cuales eran y son pizzagateros convencidos) por paletos chiflados. 

9. Aunque no se lo crean, JFK fue asesinado por Lyndon Johnson, ayudado por la KGB. La KGB también diseñó el magnicidio de RFK y de paso el de MM (por Marilyn Monroe).

10. Por último, según nuestro protagonista existe una cábala secreta y despiadada que incluye los MCM y otras fuerzas más ocultas pero poderosas, como la CIA y el Departamento de Estado. Su objetivo primordial es cercenar su libertad de expresión e incluso matarle. Ese mismo contubernio acosa y dificulta la labor de otros luchadores de la libertad y miembros de la raza superior más adaptada tan notorios (donde les conozcan) como puedan ser Stefan Molyneux o Paul Ramsey. Por lo que he podido ver, esos intentos de censura o asesinato son un poco inconcretos y la verdad es que la única prueba de su existencia son los vídeos en los que Warwick, muy serio, dice que Ellos (se puede oír la "e" mayúscula) quieren taparle la boca o acabar con él. Pues vale, Tarl. Si tú lo dices te creo.  Además, Tarl ha entrado en pleitos con otros de su cuerda, siendo el caso más notorio sus rifirrafes con el adalid del movimiento MGTOW Carl Benjamin, más conocido como Sargón de Akkad. Carl con C no tiene abuela y hasta hace no mucho era un rey asirio de las redes Alt Right, y Tarl con T le ha acusado en varias ocasiones de ser una marioneta controlada por el nebuloso contubernio antes mencionado. Aunque también se dice que lo que ocurre es que los mgtows están robando muchos seguidores (de cromosomas sexuales XY se entiende) a Warwick y eso le escuece. Y siempre queda la posibilidad de que al final Tarl monte pollos con Carl por conseguir más visitas en su canal, usando la conocida técnica dramática empleada con gran éxito en el wrestling o en los programas de Sálvame.

También puede ser que simplemente Tarl Warwick sea un puto loco, que tiene la cabeza como un saco de trompetas del que se caen los tornillos...



Y hasta aquí el bosquejo sobre la carrera de Styxhexenhammer, el Profeta de Vermont,  una carrera mantenida y propulsada por esa maravillosa herramienta llamada hinternek. Por desgracia, me parece que una gran porción de hinternek, incluyendo un número nada despreciable de suscriptores y seguidores, sigue a Tarl para reírse de él. Y eso es una pena.

Por mi parte, estoy convencido de que Tarl Warwick es una persona con la que hay que contar aunque no se esté de acuerdo con él. Y un firme candidato para ser la primera persona que entre en un Starbuks de Vermont disparando con un rifle automático.








viernes, 11 de octubre de 2019

PROBABLEMENTE LAS TRES NOVELAS MÁS LARGAS QUE ESCRIBIÓ THOMAS PYNCHON




Hoy hablaremos en nuestra sección de Literatura de Thomas Ruggles Pynchon junior, un juntaletras con pretensiones de semidiós que perpetra mamotretos incomprensibles para la gente normal y corriente y que seguramente es un adicto a las drogas mezcladas con generosas dosis de alcohol de garrafón genio de la novelística actual. Una cosa curiosa sobre nuestro autor es que nadie, aparte de los familiares y amigos más cercanos se ha de suponer si es que los tiene conoce el aspecto de su cara y de su cuerpo humano probablemente porque es más feo que el Fary exprimiendo limones con el Hombre Elefante; en las solapas de sus libros, allí donde es tradicional que aparezca una fotografía con el rostro de quien lo ha escrito, suele presentarse un enigmático cuadrado tachado con una equis. Tampoco se sabe demasiado sobre su vida. Es bastante seguro que nació en Long Island, en el estado de Nueva York; que estudió ingeniería y literatura; que fue alumno de Vladímir Nabokov ya ves tú que cosa; que su primer trabajo como profesional de la escritura consistió en folletos promocionales para compañías aéreas; que existen fundadas sospechas de que invocó a Yog-Sothoth en lo alto de una colina con menhires ciclópeos, y que Yog-Sothoth le dio por el culo. En fin, poco más ha trascendido sobre su biografía. Existen algunas fotografías suyas, pero todas ellas pertenecen a sus años mozos y a su etapa en la Marina y allí fue seguramente donde escribió un montón de yaoi. Semejante misterio à la Salinger, unido con su gran prestigio entre la comunidad de masturbadores envidiosos como yo mismamente críticos literarios y a su inmenso egocentrismo disfrazado de humildad talento convierten a Pynchon en un referente ineluctable para todos los interesados en la hedionda basura que quiere hacerse pasar por algo profundo y rompedor literatura posmoderna maximalista y, nos atreveríamos a decir, y nos atrevemos, para todos los amantes de la cultura de cualquier época y contexto sociocultural.

Los intereses de Pynchon como autor son inabarcables: en sus novelas, concebidas como el resultado de darle a un chimpancé hasta las cejas de Pervitina una máquina de escribir y una muñeca hinchable  rellena con plátanos pelados una obra de arte total, encontramos desde biografías irónicas de personajes históricos hasta las matemáticas más abstractas, desde terror cósmico pulp hasta el más refinado erotismo, desde el hardboiled más noir a la parodia de las novelas juveniles desde la nada total hasta la más absoluta vaciedad aderazada con pasajes de coprofagia. Y para ello usa una increíble variedad de registros para decirle al mundo mirad hijos de puta lo bien que escribo, malditos patanes sin talento que os tragáis mis cagarros sin rechistar ja ja ja así como un sobrenatural dominio de la prosa y una erudición excepcional. Cierto es que la mayor parte de su obra, aunque concebida en parte con espíritu comercial ya que el tipo tiene que pagarse sus fumadas, puede resultar complicada para paladares poco exigentes, sin que con esto queramos hacer de menos a nadie del mainstream y como si yo fuera un intelectual y no un puto incel cuyas novelas preferidas son las novelizaciones de Resident Evil. Claro que los que lo flipan fuerte con Pynchon, que son pocos y están localizados por si acaso, tampoco entienden una puta mierda, pero disimulan, los perros, con quién sabe qué propósito, quizá para sentir algo en sus podridos corazones de snobs pequeñoburgueses. Pynchon suele describirse como un autor denso como mierda humana llena de pelos de rata en una cloaca atascada de la Calcuta de la década de 1950 y sus tramas, complejas, laberínticas, abirragadas en el buen sentido que no lo tiene, plagadas de multitud de absurdos desarrollos divergentes y personajes de cartón y al mismo tiempo profundamente anormales sorprendentes pueden producir un efecto de aburrimiento infinito desorientación y alejamiento en aquellos y aquellas que se acerquen a sus textos por vez primera. Pero en la perseverancia está la recompensa, y quien entra en el desvencijado reino pynchoniano con la mente vacía abierta está condenado abocado a odiarle a muerte amarle.

Por todo ello, para que quienes no conozcan a Pynchon puedan tener un atisbo de su obra, y para que quienes sí tengan la oportunidad de ofenderse, cosa siempre bienvenida, en esta entrada pasamos a reseñar las tres novelas más famosas del misterioso escritor de Long Island, que son también las más largas y las que por tanto más árboles han destruido. Nota: no he leído personalmente ninguna de estas tres ni tampoco cualquier otra cosa escrita por Pynchon. Ni putas ganas. Pero un familiar mío, que por lo menos no es un analfabeto funcional, las tiene en su estantería. He visto sus gruesos lomos y supongo que eso en sí mismo ya es suficiente como para escribir sobre ello. Por el tamaño de esos libracos parece obvio que serían armas muy eficaces, debido a su peso y al efecto de la fuerza de la gravedad en por ejemplo la cabeza de alguien. En todo caso, una novela de Pynchon es un excelente regalo navideño para el cuñado o la prima que les caiga mal, siempre y cuando puedan apañárselas para robarla.

1. El arcoiris de la gravedad (Gravity's Rainbow).

Publicada originalmente en 1973, su edición española en tapa blanda más reciente tiene mil ciento cuarenta y ocho páginas.  La que puede ser la obra maestra de Pynchon al decir de muchos críticos tiene lugar espaciotemporalmente en el Londres y el Berlín de los días previos al fin de la Segunda Guerra Mundial, y también en los momentos iniciales de la ocupación de la capital del Reich por las Cuatro Potencias aliadas tras la finalización del conflicto. Su personaje principal, si puede hablarse de algo semejante en una novela que tiene más de mil personajes, muchos de ellos con diálogo, es un tal Tyrone Slothrop. Al cual un experimento conductista llevado a cabo por un científico loco (uno de los muchos científicos locos que pueblan la historia) le ha convertido en el Hombre-Cohete, porque está condicionado para tener una erección en las cercanías del imipolex, un material plástico que conforma las cabezas de guerra de las V-2 nazis. ¿Cómo se quedan, amigos? La incoherente trama sigue al Hombre-Cohete de vez en cuando, en un Londres gris y frustado sexualmente, y en un Berlín desolado y sadomasoquista. Pero al mismo tiempo Pynchon se toma su tiempo para explicarnos de forma quizá un tanto esquinada y liosa temas tan fascinantes como las características de las V-2, las costumbres amatorias de un jerifalte de las SS, la búsqueda del Santo Grial por parte de un comando de hereros, las andanzas de un comisario adicto a la morfina, etcétera, etcétera, y además hay un crucero, kamikazes, canciones de vodevil con fórmulas de ingeniería de cohetes, críticas de películas, la explicación más estrafalaria jamás escrita de la distribución de Poisson, el casino de Hermann Goering, un monstruo adenoide, una buena selección de panzerkampfwagen destruidos y descritos con sensual detalle, bombillas, etcétera, etcétera. Parece una cosa bastante rara y lo es, por supuesto que lo es, y uno tiene la sensación de que es muy posible de que Pynchon quiere decirnos algo con todo esto, con este artístico revoltijo. O quizá no. A lo mejor el monstruo adenoide es el Inconsciente, según he leído en las reseñas de la gente que sabe. Mi impresión es que leerse este morlaco de una sentada o dos es algo casi imposible, dada su ya mencionada densidad. No, creo que es recomendable leerla a poquitos, en situaciones que toman un tiempo determinado y luego se acaban, como por ejemplo cagando. Llévense Gravity's Rainbow al cuarto de baño y lean una o dos páginas mientras hacen el número dos: y luego dejen su volumen de Gravity's Rainbow encima del inodoro, junto al papel higiénico, en vistas a la próxima ocasión. Conviertan su cagadero en un templo de la cultura. Ése es mi consejo. Eso sí, no se equivoquen con el papel a la hora de limpiarse el hojaldre, porque esta desmesurada novelaca, cuya génesis exigió eones de esfuerzo intelectual a su autor y muy posiblemente el uso concomitante de sustancias estupefacientes, ganó el National Book Award del año 1973. Los del Pulitzer la rechazaron por considerarla sobrescrita, repetitiva y obscena, y a partir de ese mismo instante Pynchon empezó a sonar como candidato al Nobel de literatura.

2. Mason y Dixon (Mason & Dixon). 

Publicada originalmente en 1997, su edición española en tapa blanda más reciente tiene novecientas cincuenta y ocho páginas. Y no sobra ninguna en la que puede ser la novela histórica más incomprensible e ilegible escrita jamás. En ella Pynchon se embarca en las biografías de los astrónomos ingleses Charles Mason y Jeremiah Dixon, haciendo un énfasis especial en la expedición que ambos emprendieron para dirimir una disputa fronteriza en el norte de los Estados Unidos y que culminó con el trazado de la (relativamente) célebre línea Mason-Dixon. Está contada por un verboso reverendo, que más que un narrador omnisciente no confiable es un narrador al que te gustaría quemar en la hoguera debido a su mortificante uso de las más tediosas convenciones del lenguaje barroco. Incluye, como es natural, la clase de temas tirando a lo grotesco y lo arabesco que tanto fascinan al alumno de Nabokov: aquí tenemos una tranquila conversación entre dos, ejem, cronómetros. Tenemos a Benjamin Franklin fumando buena mierda. Tenemos los consejos vitales ofrecidos por un pirata, dados nada más y nada menos que por la oreja que le cortaron al susodicho pirata. Tenemos también la confección y el transporte del queso de bola más grande de Inglaterra y bizantinas conjuras protagonizadas por jesuitas. Es muy fácil que usted, querido lector, se pierda en el fascinante, ameno, estúpido y enmarañado universo dieciochesco en el que nos sumerge Pynchon, porque, bien mirado, ¿a qué persona normal puede importarle el tamaño que tenían las orejas de un caballero llamado Maskelyne? Pero pese a no ser el típico bolsilibro estilo Ken Follet Mason & Dixon goza de cierto predicamento entre algunos lectores porque, como toda novela histórica que se precie, contiene generosas dosis de sexo, y del guarro y perturbador, cosa que es lo que mueve a los lectores de novela histórica en el fondo. Así que no se preocupen, queridos lectores de novela histórica: en Mason & Dixon también tendrán su ración de pornografía, aunque en este caso tendrán que abrirse paso por una inhóspita jungla de palabras cultas (mi preferida es azimut), largas explicaciones técnicas, parábolas inaprensibles y párrafos que, aunque parecen estar escritos en castellano, carecen de sentido por muchas veces que se lean (otra posibilidad, por supuesto, es que sean demasiado incultos como para comprender nada, como es mi caso). Con paciencia llegarán al  mondongo, a las picantonas costumbres de las mujeres malayas y cosas por el estilo. Esta novela supuso a Pynchon milenios enteros de duro trabajo de investigación, y se especula que durante esos milenios el autor fue adicto a los efluvios de la amapola, y tras su publicación su nombre siguió sonando como candidato al Nobel, a cualquiera, aunque sin embargo no se le concedió ningún premio prestigioso, de modo que no pudo enviar a un comicastro a recogerlo en su lugar, cosa que suele hacer como declaración política y artística. O declinar recogerlo por completo para hacerse el chulo, que esa costumbre también la tiene.

3. Contraluz (Against the Day).

Publicada originalmente en 2006, la primera edición española en tapa dura tiene mil trescientas treinta y siete páginas. De las tres interminables joyas de las letras reseñadas más o menos aquí esta Contraluz quizá sea la más legible con diferencia. La más larga sin duda lo es. Lo que significa que para algunos talifanes de Pynchon, que los hay, el adalid de la literatura posmoderna maximalista norteamericana ha perdido su toque. Convirtiéndose en una parodia de sí mismo, su autoría suplantada por una vaina espacial de la misma forma que David Bustamante se convirtió en una mera sombra de sí mismo en su disco Vivir, si lo comparamos con la frescura del fundacional álbum Así soy yo. Contraluz, es cierto, contiene todas las señas de identidad de Pynchon: confusas tramas donde una multitud de personajes, algunos históricos como Nikola Tesla o el archiduque Franz Ferdinand, otros inventados, como espías turcos y bandoleros mejicanos y una tropa de adolescentes que surcan el cielo a bordo de zepelines, hacen una serie de cosas que se nos describen de una forma harto confusa. También hay sexo raro, una preciosa (para el que la pille) metáfora con el feldespato de Islandia, armas de rayos, cuaterniones, míticas ciudades subterráneas, anarquismo, pinkertons y perros que leen y hablan, esto es, lo que uno podría esperarse de ese cacho cabrón e incluso más, pero al mismo tiempo falta algo, ese je ne sais quoi que convertía a El arcoiris de la gravedad en un viaje inolvidable a los abismos de la expresión intelectual encarnada en la palabra escrita. De todas formas, a quién le importa: Pynchon sigue siendo candidato al Nobel, más que nunca. Ojalá nunca se lo den y el mundo le olvide, por el bien de todos nosotros.

domingo, 22 de septiembre de 2019

MOURA & HERBERT



Herbert George Wells es uno de mis escritores favoritos, y por eso lo que sigue resulta doloroso, porque duele ver que tus ídolos no son en el fondo nada más que personas humanas de carne y hueso etcétera. Y como tales, como tú y como yo, los ídolos también cagan. Cometen errores. Hacen tonterías. Por regla general, hacen tonterías por amor, por pensar con la polla o porque les pica la pepitilla, como suele decirse. Como tú y como yo. Claro que a los ídolos se les suele recordar años después de que hayan muerto, no como en mi caso. Y, muy posiblemente, tampoco en el tuyo.

Wells visitó Rusia en varias ocasiones. En 1920, cuando el Imperio zarista ya era la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo hizo por invitación del camarada Peshkov, aka Maksim Gorki. Gorki alojó a Wells en su casa de San Petersburgo Petrogrado Leningrado, y allí fue donde el escritor de La máquina del tiempo, en la amplia y cómoda dacha del escritor de La madre, conoció a su tercera pareja estable. La dama se llamaba Maria Ignatieva Zebrevskaia-Benckendorff-Budberg, aunque todos los que la querían la llamaban Moura. Moura era nacida en Ucrania, y procedía de una familia donde los varones solían ser militares y las mujeres solían dedicarse a sus labores, algo por lo demás común en las clases más desahogadas de la sociedad ucraniana prerrevolucionaria. En 1920 era la amante de Gorki aka la Voz del Pueblo Ruso (en plena carrera para convertirse en la Morsa del Pueblo Ruso), la tercera de ellas casualmente, pero Wells la había conocido en una visita anterior realizada en 1914. Durante la segunda visita estalló el amor entre ellos, supongo que como un obúsde artillería. La pareja recién formada se fue a Moscú. Según Wells se estaba mejor en Moscú que en Leningrado, por lo menos en Moscú no había cadáveres tirados por aquí y por allá, proletarios hambrientos tajando carne de caballos tiesos y agusanados y manadas de huérfanos de la guerra civil asilvestrados y homicidas. En la nueva capital bolchevique el escritor y la fangirl de Gorki vivieron deliciosos días de asueto. Vieron conciertos. Asistieron a conferencias científicas, una de las cuales, realizada por el mad doktor soviético Leonid Krasin, versó sobre congelar cuerpos humanos para hacerlos inmortales. Pasearon por calles muy poco transitadas, donde los únicos signos de animación eran las patrullas de letones uniformados con estrafalarios cascos escitas con las estrellas rojas bordadas de aquella manera. Ah, qué romántico debió ser.

En Moscú Wells también se entrevistó con Vladímir Uliánov, aka Lenin.  Diagnóstico de Lenin: joder, menudo burgués de mierda. Diagnóstico de Wells: oh, es un gran hombre. Mientras tanto, la Morsa lloraba por los rincones de su casa en Leningrado, y solamente se consolaba mirando fijamente una reproducción de la mano izquierda de Moura hecha de bronce. Bueno. Cada cual se consuela con lo que puede. Poco después se fue de Rusia y acabó tomando el sol en la Italia fascista.

Sí, Wells era muy feliz con Moura, una belleza morena catalogada como muy misteriosa e incluso como enigmática por muchos testigos, amigos y cotillas de la época. También tenía un lado un poquito oscuro. Antes de liarse con la Morsa se sabe que Moura fue amante de un gentleman escocés llamado Robert Bruce Lockhart. Lockhart era el representante oficioso de Gran Bretaña en Rusia, oficioso porque su país todavía no había reconocido la existencia de la URSS a efectos diplomáticos. De hecho, durante la guerra civil el Reino Unido, junto con Francia, Estados Unidos y Japón, había enviado tropas para ayudar a los blancos contra los rojos. En fin, en 1918 Lloyd George en persona dio instrucciones a su enviado oficioso al país de las maravillas colectivista: Lockhart debía evitar por todos los medios que Lenin y su panda se aliaran con Alemania, esa madriguera de hunos cabezas cuadradas que, en opinión del primer ministro, no hacían más que joder la marrana en Europa. Es posible (se rumorea, pero no está confirmado ni mucho menos, lo decimos aquí para envenenar el pozo) que en la palabra medios estuviera implícita la posibilidad de borrar de la existencia en esta dimensión, aka matar, a Lenin o en cualquier caso a algún mandamás bolchevique, como Trotski o Kámenev. Lockhart no era el único agente británico en suelo ruso (y por lo demás había una auténtica muchedumbre de operadores en el Moscú de 1918, franceses, norteamericanos, turcos, japoneses, etcétera, etcétera) pero sí el de más rango, ya que sabía jugar al criquet y no se le daba mal preparar cócteles, que es lo que de prestancia a los espías de su majestad. 

Lo curioso es que casi al día siguiente de bajarse del tren en la Rusia roja Lockhart empezó a mandar telegramas cifrados al Foreign Office en los que decía que una intervención del tipo más duro sería contraproducente ya que acercaría a los bolcheviques a los alemanes, en vez de alejarlos. Los del Foreign Office se quedaron un poco desconcertados. En eso, Lockhart había conocido a Moura, y en las semanas y meses que siguieron se dedicó a amarla apasionadamente. Se podría decir que se olvidó un poco de impedir o desestabilizar la posible alianza ruso-germana, cosa que a los poco románticos agentes del Foreign Office les pareció sospechoso. Olía a complot. No lo sabemos seguro, pero lo cierto es que a comienzos de 1919 Féliks Dzerzhinski, aka la Espada de la Revolución y jefe supremo de la Comisión Panrusa para combatir la Contrarrevolución y el Sabotaje (la divertidísima VCheka) montó una acusación de espionaje & sabotaje contra Lockhart; Lockhart fue arrestado junto con otro ciudadano británico llamado Sidney Reilly, un personaje sumamente turbio que murió pocos días después en extrañas circunstancias. Lockhart pasó un mes en el divertidísimo complejo de la VCheka en la plaza Lubianka, concretamente en el edificio de seguros de ladrillos amarillentos que con Dzherzhinski se había convertido en una cárcel de cuyas ventanas los presos tendían a tirarse solos como por arte de magia. Luego lo soltaron y lo metieron en un apartamento especial para dignatarios extranjeros, lo que era un eufemismo para referirse a una habitación custodiada por guardias armados y plagada de micrófonos. Fue puesto bajo la vigilancia de Jekabs Peterss, un alto mando de la VCheka quien casualmente también conocía a la señorita Zebrenskaia. Y también la llamaba Moura. Lockhart estaba más preocupado por Moura que por él mismo, pues los chequistas chaquetas de cuero también la habían detenido y se imaginaba lo peor. Preguntaba por ella a todas horas y escribió en su diario largas parrafadas sentimentaloides donde expresaba los padecimientos de su corazón. Peterss tenía acceso a ese diario y por lo que algunos dicen también él se sentía conmovido. Afortunadamente, soltaron a Moura y Lockhart pudo hablar con ella; a los pocos días el escocés, aunque con gran pena, salió de la URSS gracias a un canje de su gobierno. Le cambiaron por Maksim Lítvinov, un bolchevique cerril que estaba en manos de los británicos. Moura por su parte no tardó en entrar en la órbita de la Morsa del pueblo ruso.

Los hechos narrados arriba pueden interpretarse por lo menos de dos formas. Dichas interpretaciones se basan en el grado de cinismo y paranoia; a más cinismo y paranoia, más probable es la una y menos la otra, y viceversa. Yo no tengo un gramo de cinismo en el cuerpo y confío en la humanidad, por lo que en mi cabeza la historia de míster Lockhart y Moura es en pocas palabras una grandiosa historia de amor que daría para hacer una película, con Ryan Gosling en el papel de Lockhart y Amy Adams en el de Moura, o al revés. La versión cínica, sin embargo, dice: Moura trabajaba para la VCheka y recibió instrucciones de Peterss, el cual recibió instrucciones de Dzherzhinski, el cual recibió instrucciones de Lenin. Las instrucciones eran: camelarse al pobre idiota de Lockhart e influir en sus puntos de vista sobre la gloriosa dictadura del proletariado, de modo que quedara desactivado como agente del Foreign Office de los imperialistas capitalistas británicos. El arresto de Moura fue un montaje para hacer que Lockhart se desmoronara psicológicamente y largara todo tipo de cosas interesantes al amigo Peterss. Y anda que no largó. El entramado de espías e infiltrados ingleses que había en Moscú fue desmantelado en su totalidad; y además lograron llevar a cabo el canje Lockhart-Lítvinov, con lo que la jugada, si es que aquello era una jugada, salió redonda. Tan redonda como las bocas de las pistolas alemanas que usaban los chequistas en esa época.

Como decía, tiendo a confiar en Moura, pero también es verdad que tras toda esa movida una ligera sombra de sospecha se abate sobre sus actividades. El hecho de que se convirtiera en la amante de la Morsa Voz del pueblo ruso también se puede interpretar cínicamente: los bolcheviques odiaban a Gorki con todas sus fuerzas, pero querían tenerlo de su lado. Y lo mismo puede decirse, me temo, del apasionado romance de Moura con Herbert.

Poco después de su entrevista con Lenin, Herbert tuvo conocimiento del affaire Lockhart. Eso motivó la primera pelea seria entre los dos tórtolos. Moura debió contarle la versión apropiada, porque no solamente hicieron las paces, sino que se fueron los dos a Inglaterra, dejando a Gorki mirando la mano de bronce podríamos suponer. Y allí vivieron muy felices: Moura no podía regresar a Rusia, le decía a su Herbert, porque si lo hacía no tardaría en caer en las garras del OGPU (el organismo sucesor de la VCheka) y probablemente le harían desaparecer en algún sitio nevado y dejado de la mano de Dios. Así que permaneció en Londres, donde se convirtió en la gran atracción de las cenas que Herbert solía celebrar en su casa.  Todo el mundo apreciaba a Moura. Moura era lo más. Moura era elegante y distinguida y contaba cosas mesmerizantes. Todo el mundo se sentía un poco hechizado por la magnética Moura, que hablaba de forma extraña y movía manos finas con dedos largos haciendo aspavientos encantadores, y que tenía la autorización de Herbert para liarse con jóvenes muchachos londinenses. Ya que hemos de aclarar que Wells, además de socialista, social darwinista, amante de las bicicletas y maestro fundador del género literario de la ciencia ficción, era partidario del poliamor (en esa época se le llamaba amor libre y creo que resultaba más epatante incluso que ahora). O por lo menos era partidario en el plano teórico: en la práctica la independencia sexual de Moura le tocaba un poco la moral y era presa de celos frecuentes. 

Hay todavía más melodrama. La agitada vida sentimental de Moura incluía el haber estado casada con un oficial del difunto ejército ucraniano, un hombre con el que había tenido dos hijos. Esos hijos vivían en Estonia, y de vez en cuando su madre iba a visitarlos de incógnito y pasaba algunos días con ellos. Herbert nunca la acompañaba en estos viajes, quizá porque esos hijos no le importaban o porque no quería entrometerse o quizá porque así Moura no follaba con ningún puto idiota del teatro de Londres. No obstante, lo más seguro es que sufriera al ver a su amante tan angustiada, ya que esos viajes a un país satélite de la URSS eran muy peligrosos. En suma, desgarrador. 

En 1934 el hombre que escribió La guerra de los mundos volvió a visitar Rusia. Fue la última vez, y no estaba acompañado por Moura por motivos evidentes. En esta ocasión se entrevistó con Iósiv Vissianoróvich, aka Stalin, cariñosamente conocido como el Padrecito de los Pueblos. La entrevista fue cordial ya que Stalin se mostró como lo que era, un señor aficionado a la pipa que sonreía mucho y dibujaba lobos aullando en su libreta. Diagnóstico de Stalin: este viejo chocho apenas llega a tonto útil. Diagnóstico de Herbert: "Nunca he conocido a un hombre más sincero, abierto y honesto. Estas cualidades le han permitido convertirse en el primer hombre de Rusia, ya que nadie le tiene miedo y todos le aprecian". Maravilloso. Como las grandes figuras de la literatura están por encima de cosas mundanas como los cuernos, el ya avejentado y casi completamente morsesco Gorki acogió a Wells en su nueva dacha de situada en los tranquilos suburbios de Moscú (había vuelto a Rusia porque por lo visto no le molaba mucho el rollo de Mussolini). Como si no hubiera pasado nada. Era una vivienda magnífica y allí la Voz del pueblo ruso pasaba sus últimos días cómodamente; todas sus necesidades eran atendidas por una legión de mayordomos que casualmente eran también agentes del NKVD (el organismo sucesor del OGPU). Las malas lenguas afirman que Gorki se había convertido en la marioneta de Stalin, una de las muchas que tenía, por miedo a perder la vida de forma violenta. Esto no es posible, ya que Stalin era como hemos visto un señor muy cordial al que nadie le tenía miedo. Seguramente Gorki escribió su oda a la trabajadores forzosos del canal Mar Blanco-Báltico por propia voluntad. Todas las noches durante su estancia en Moscú Herbert cenaba con Gorki y con un tal Umanski, que actuaba como valet y traductor para el inglés. El caso es que durante una de esas cenas, Gorki dejó caer que había recibido una visita de Moura (no se sabe si todavía conservaba la mano facsímil de bronce) en 1931. Umanski tradujo y Wells se debió quedar un poco desconcertado. 1931 fue uno de los años en los que Moura había viajado a Estonia para visitar a sus hijos. En ese momento no fue capaz de decir nada más que algunas incoherencias, que Umanski tradujo, y entonces Gorki añadió que Moura le había visitado en por lo menos otras tres ocasiones, y Umanski tradujo, y Wells se quedó bastante callado. Umanski, que además de saber inglés era teniente coronel del NKVD, dejó de traducir.

¿Por qué soltó Gorki aquella bomba atómica emocional? Una vez más, podemos verlo desde el punto de vista romántico o desde el punto de vista no romántico. Quizá Gorki sí que andaba escocido por la pasada traición amorosa y decidió desenmascarar a Moura delante de su nuevo amante y de Umanski, el hombre del NKVD. Pero también es posible que lo hiciera siguiendo órdenes de Umanski/Stalin. El caso es que cuando Wells volvió a Londres tuvo una seria bronca con la magnética Moura, la cual acabó admitiendo que estaba en la nómina de la VCheka-OGPU-NKVD, y que de vez en cuando viajaba a Moscú para dar informes. Pero aseguró al autor de El hombre invisible que en ningún caso se había vuelto a acostar con Gorki, es más, le dijo que Gorki le daba tanto a la botella por miedo a que lo mataran cualquier día que ya no se le levantaba. No sabemos si a Wells le aliviaron estas confidencias o más bien terminaron por hundirle en la miseria. Pese a todo Herbert siguió con Moura, aunque a partir de ese momento empezó a referirse a ella como la sombra y a juzgar por los sueños que reproduce en su novela autobiográfica de 1936 Anatomía de una frustración, incubaba fantasías acerca de ella provistas de claro matiz violento: veía a Moura como un gólem de barro que destrozaba a puñetazos en la casa de Gorki, rodeado de solícitos agentes del NKVD. 

Mal rollo. Herbert George Wells la había cagado pero bien.

Robert Bruce Lockhart murió de cirrosis hepática en 1970: esos cócteles le pasaron factura. Maksim Gorki murió en 1936, quizá asesinado por Stalin, el cual fue uno de los que llevó su ataúd en andas. Jekabs Peterss fue arrestado y fusilado en 1938, junto con varios antiguos camaradas del VCheka letones, durante la Operación Letonia.  Herbert George Wells murió en 1946 por causas sin especificar.

Moura murió en 1974, sospechosa de ser una agente tanto de la KGB como del MI5 británico.



martes, 17 de septiembre de 2019

PERROS

El caballero de la foto es un canadiense de Ottawa: Roméo Dallaire es su nombre. Ahora es escritor.


En 1994 Dallaire era militar, con el grado de general de brigada. Tenía una de esas garbosas gorras azules de las Naciones Unidas. Estaba destacado en Kigali, capital del pequeño país centroafricano de Ruanda, al mando las fuerzas de pacificación de las Naciones Unidas, en concreto la UNAMIR: United Nations Assistance Mission for Rwanda. La UNAMIR contaba con 50 soldados belgas y 50 soldados australianos y algunos vehículos blindados color blanco paloma de la paz, y estas fuerzas se desplegaron para supervisar el desarrollo pacífico del alto el fuego entre el gobierno del presidente Habyarimana, de mayoría hutu, y los rebeldes del Frente Patriótico Ruandés, el FPR, formado por tutsis. El alto el fuego se pactó en Tanzania tras una reunión entre representantes autorizados de ambas facciones y tuvo lugar en un hotel: a la hoja de ruta resultante se le llamó con cierta pompa los Acuerdos de Arusha.

Todo el mundo sabía que los Acuerdos de Arusha no valían ni el papel en el que estaban escritos, y Dallaire también lo sabía, por supuesto. Todo el mundo sabía perfectamente que la guerra civil ruandesa no había acabado, sino que había cambiado de rostro, había adquirido otra dinámica: ahora las tropas del FPR estaban detenidas en las montañas del norte del país, obedeciendo el acuerdo. La nueva fase iba a ser genocida. Lo sabía todo el mundo. Gran parte de los ruandeses lo esperaban. Desde el año pasado la facción extremista del gobierno, cuya ideología tenía el poco disimulado nombre de Poder Hutu, una claque de coroneles y miembros del séquito de la mujer del presidente (a quien todo el mundo llamaba respetuosamente la Madame), estaba contemplando el exterminio de la minoría tutsi de Ruanda. Había hecho constantes y explícitos llamamientos a la matanza en los medios de comunicación. Había hecho acopio de armas, sobre todo machetes vía Zaire y China y rifles automáticos y granadas vía Francia. Había ordenado a los altos cargos del partido en el poder, el MRDN (qué importa lo que signifiquen esas siglas: algo sobre democracia y desarrollo, las palabras fetiche del presidente Habyarimana) que organizaran con rapidez sus escuadrones de la muerte.

En Ruanda a esos escuadrones se les llamaba interahamwe, una palabra en kinyarwanda que se puede traducir como "los que atacan juntos".

Dallaire y sus hombres podían ver a los tipos del interahamwe entrenándose con machetes y palos en las calles de Kigali, lo hacían por lo demás a la vista de todo el mundo, entre atronadoras ráfagas de música disco y petardeo de motocicletas trucadas. La típica francachela kigaleña, con un toque macabro. El canadiense no parece mal tipo, y posiblemente no fuera mal tipo en 1994. Sabía que se tenía que hacer algo al respecto, pero no en Kigali, ahí ya no se podía hacer nada; no en Ruanda, sino en Nueva York. Pero en Nueva York, después del fiasco de los rangers del ejército estadounidense en Mogadiscio, no le hacían mucho caso. Los chicos de Kofi Annan no estaban entusiasmados ante la idea de meter las narices en otro fregado africano, en otra merienda de negros como alguno de ellos llegó a decir (en confianza, por supuesto). Le pidieron pruebas a Dallaire. Es decir, pruebas diferentes a los berridos de la radio pública ruandesa, en la que locutores drogados con marihuana chillaban matad a las cucarachas (las cucarachas eran los tutsis, todos estaban al corriente). Pruebas distintas a los artículos del periódico oficial del MRDN, el Kangura, donde se dirigían directamente a él, el general de brigada Dallaire de la UNAMIR, diciéndole que por supuesto que era bienvenido en Kigali, pero que tuviera cuidado, que vigilara su espalda, no fuera que por algún desgraciado accidente acabara pasándole algo malo. Pruebas de ese estilo había a puñados, pero no el tipo de prueba capaz de poner nerviosa a la gente de Nueva York. Pero atención: en la segunda semana de enero de 1994 Dallaire tuvo un golpe de suerte. Obtuvo pruebas concretas de la conculcación de los Acuerdos de Arusha: un confidente hutu muy cercano al círculo de la Madame comunicó al general que le pagaban mil dólares al mes para entrenar destacamentos del interahamwe y que sabía de lugares donde se habían almacenado armas.

Así que Dallaire se puso manos a la obra, y mandó un fax. El destinatario era el Departamento de Operaciones de Pacificación sito en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Dicho documento, con fecha 11/1/1994, llevaba por título algo bastante neutro: SOLICITUD DE PROTECCIÓN A CONFIDENTE, pero se las apañaba para indicar con pelos y señales los hechos más relevantes. He aquí el meollo de dicho fax:

Desde la llegada del UNAMIR se le ha ordenado [al confidente] que haga un censo con todos los tutsis de Kigali. Sospecha que van a ser exterminados. A modo de ejemplo, dijo que en veinte minutos su personal podía matar a unos mil tutsis.

Proseguía diciendo: 

El confidente afirma que no está de acuerdo con las políticas de limpieza de la etnia tutsi. Apoya la oposición al FPR, pero en conciencia no puede apoyar la muerte de personas inocentes. Afirmó también que el presidente no tiene el control completo sobre todos los elementos de su facción/partido.

Y:

El confidente está dispuesto a facilitar la ubicación de un gran arsenal clandestino, con al menos ciento treinta armas [...] Estaba dispuesto a mostrar el escondrijo secreto si se le ofrece la siguiente garantía. Pide que él y su familia (mujer y cuatro hijos) sean colocados bajo nuestra protección.

El general Dallaire decoraba su fax estampando el sello de ABSOLUTA PRIORIDAD. El general Dallaire, francófono, terminaba el fax con unas palabras manuscritas: Peux ce que veux. Allons'y.

En fin: puede parecer un documento bastante contundente, pero... no. Aquel papel, por lo visto, atravesó a trompicones diversos conductos burocráticos y acabó perdiéndose en alguno de ellos. Los chupatintas que lo leyeron no debieron considerarlo ABSOLUTA PRIORIDAD. Dichos chupabolígrafos, no hay ni que dudarlo, eran buenas personas. Seguro que sí. Simplemente eran buenas personas muy ocupadas, lidiando con todo tipo de prioridades, y con los culos sentados en sillas de oficina situadas a miles de kilómetros de Kigali. Cuando todo acabó, sin embargo, el fax salió milagrosamente a la luz: no sirvió para nada pero al menos las palabras resultaron proféticas. Porque la cosa empezó. Empezó el 6 de abril de 1994, cuando el avión que trasladaba al presidente Habyarimana de Dar es Salam a Kigali fue alcanzado en vuelo por un misil tierra-aire, probablemente un modelo chino. El artefacto en llamas se precipitó sobre los mismísimos jardines del palacio presidencial de Habyarimana, y murieron él, el presidente tutsi de Burundi y otras treinta personas. Ahora se cree (no hay confirmación documental pero fuertes sospechas, por decirlo así) que los que dispararon el misil fueron elementos del Poder Hutu; quizá la Madame en persona diera la orden. Se dice en efecto que estos elementos eliminaron a su propio hombre, ahora considerado una marioneta, con el objetivo de culpar al FPR, o sea a los tutsis, y de ese modo tener algo parecido a una excusa basada en la seguridad nacional. También se quitaron de en medio al primer ministro tutsi, dos pájaros de un tiro y todo eso.

Acto seguido comenzó la política consistente en eliminar a los tutsis, y también a los hutus moderados, de Ruanda. Porque el asesinato en masa de un grupo de personas unidas por alguna característica concreta, en este caso ser tutsis y no hutus, también es una política: lo leí en un libro, creo. El interahamwe se puso a ello. El ejército nacional se puso a ello. Los médicos se pusieron a ello, los bomberos se pusieron a ello; la gente normal y corriente se puso a ello.  La propia Virgen María se les apareció a unos críos hutus en un rincón perdido del país llamado Gitarama, en las montañas, y les ordenó que se pusieran a ello. Se pusieron a ello con eficacia. Mataron a casi todos los tutsis. Y en su mayor parte el proceso se hizo a fuerza de brazo, cara a cara, usando la energía liberada por músculos humanos al contraerse y estirarse. Con machetes mayormente, nada de balas, ni mucho menos métodos de alta tecnología como puede ser el gas. Ruanda era y es un país de baja tecnología. La matanza fue por lo tanto de baja tecnología. Los cálculos oscilan en 500.000 muertos en la zona baja de la estimación y más de un millón en la zona alta. Hay que tener en cuenta que los hutus no fueron tan puntillosos como otros genocidas; no dejaron un rastro documental exhaustivo de su hazaña al estilo nazi. La cifra más aceptada en de 800.000 víctimas.

En el caso de las mujeres, las adolescentes y las niñas tutsis, también se dieron numerosos casos de violación antes del asesinato.

Se debe decir que el general Roméo Dallaire solicitó a sus superiores que especificaran las reglas de enfrentamiento cuando los machetazos empezaron en Kigali. Cuando los muertos empezaron a acumularse en zanjas, cunetas, iglesias, hospitales y campos de fútbol. Le respondieron que no había reglas de enfrentamiento, sino que se limitara a observar, y que hiciera fuego únicamente cuando sus tropas fueran objeto de disparos por parte de los ruandeses, fueran quienes fuesen. Nada de Allons'y pues. Los interahamwe y los militares hutu tuvieron picardía y no les dispararon a los tipos blancos con cascos azules, pero también ocurrió que diez soldados belgas, desobedeciendo órdenes,  se metieron en una movida para intentar salvar la vida de unos críos y fueron despedazados por una muchedumbre. Me refiero a que mutilaron sus cuerpos, los abrieron en canal, metieron los genitales arrancados en la boca. No eran buenos tiempos para el humanitarismo en Kigali.

El general Dallaire volvió a solicitar instrucciones y le dijeron que desistiera de intervenir con toda la contundencia de una respuesta armada. Le volvieron a decir que observara.

Por lo tanto, el general Dallaire pensó que ya estaba bien de solicitar órdenes. Su situación era muy peliaguda, con unas decenas de hombres bajo su mando en una ciudad cuyos habitantes se habían convertido en asesinos. Solamente las fuerzas de las escuadras interahamwe superaban al contingente del UNAMIR por veinte a uno. Eso sin contar con los militares, que tenían a su disposición fusiles automáticos y explosivos. De modo que el general realizó un repliegue estratégico e instaló a sus efectivos en el Hôtel des Milles Collines. En dicho hotel (propiedad de unos belgas y considerado como el mejor establecimiento hotelero de Kigali y en verdad de toda Ruanda) su gerente, el hutu Paul Rusesabagina, estaba ofreciendo asilo a los tutsis que lograban llegar hasta allí con vida. Rusesabagina, el único negro del país que había alcanzado el estatus de gerente de un hotel de lujo extranjero, se jugó la vida mil veces y salvó a más de mil personas. Echaba a los hutus que periódicamente iban por el lugar con el objetivo de matar a alguien por medio de la labia y los sobornos; cuando llegó el UNAMIR tembién tuvo a su disposición cierta potencia de fuego. Hay una película sobre la ordalía de Paul Rusesabagina. Recuerdo que cuando la vi me hizo gracia el nombre de esa persona, Paul Rusesabagina. No creo ser mala persona, solo idiota. El general Dallaire está interpretado por Nick Nolte.


Visto lo visto, las tropas del FPR se pusieron en marcha. Con bastante olfato estratégico, avanzaron deprisa hacia Kigali, ciudad que alcanzaron y sometieron a sitio en el transcurso de tres meses. Hay que tener en cuenta que las tropas del gobierno ruandés estaban muy ocupadas matando tutsis y hutus moderados, de manera que sus enfrentamientos con el FPR fueron su mayoría testimoniales. Empezaron las contramatanzas, esto es, tutsis matando hutus. Una enorme masa de hutus comenzó a desplazarse lentamente fuera del alcance del FPR, en dirección a la frontera con Zaire. Algunos cálculos estiman que este éxodo fue de más de un millón y medio de personas. Zaire es un país inmenso que ahora se llama República del Congo; en esa época todavía estaba controlado en su mayor parte por Mobutu Sese Seko. Mobutu: el de los gorros de leopardo, uno de los mayores ladrones de la historia mundial, el payaso que pagaba un cuerpo femenino de paracadistas de élite que jamás habían saltado de un avión, porque en Zaire no había aviones. Si seguía mandando era gracias a Francia y a la CIA, pero dado que además de payaso era un monstruo, el asunto de los refugiados ruandeses derivó con rapidez en otra catástrofe humanitaria. 

También fue una catástrofe moral. Entre los refugiados que alcanzaron Zaire había un montón de asesinos hutus. Los cuadros del interahamwe casi al completo y muchos altas personalidades de Poder Hutu acabaron en campamentos de refugiados mantenidos por agencias de cooperación internacionales que sacaban el dinero de las Naciones Unidas. Estos elementos se confundieron con la muchedumbre de hutus inocentes y semi-culpables. Entonces, tenemos que las Naciones Unidas dio de comer a los asesinos. Naciones Unidos proveyó de mantas y medicinas a los asesinos. Naciones Unidas instaló a los genocidas en tiendas con aire acondicionado y les proyectó películas de estreno en cines al aire libre. Así fue.

Seguían sucediendo cosas muy feas. El general Dallaire y sus hombres, algunos de los cuales acabaron su servicio literalmente locos de atar, intentaron trasladar a los refugiados tutsis del Hôtel des Milles Collines al aeropuerto internacional de Kigali. Lo lograron más o menos: muchos tutsis fueron macheteados por el camino. Mobutu ordenó que enterraran los restos del presidente Habyarimana, un buen amigo personal, en los terrenos de una de sus fincas, mientras en los campos de refugiados había hutus matando tutsis y tutsis matando hutus en medio de una confusión inimaginable y delante de las narices de los cooperantes (no tenían armas y la mayoría solicitó la evacuación para evitar ser asesinados). Francia emprendió la llamada Operación Turquesa, anunciada a bombo y platillo en la prensa y la televisón parisinas pero rápidamente olvidada, en teoría una acción humanitaria encaminada a detener las matanzas de tutsis, que todavía se sucedían en muchas regiones del país. En la práctica, la Operación Turquesa sirvió para que los restos en retirada de Poder Hutu no fueran exterminados por el FPR, mientras en que por todos lados la masacre continuaba bajo la dirección de elementos locales: alcaldes, abades, maestros de escuela, entrenadores de equipos de béisbol, jefes de policía, etcétera.

También se produjo un curioso debate en el seno de la comunidad internacional. Había una cuestión a dilucidar, y esta cuestión era si lo que estaba ocurriendo en Ruanda era un genocidio o no. Genocidio no es solamente una palabra. Es un término legal, de uso en la ley internacional desde los Juicios de Núremberg, y conlleva obligaciones. Desde Núremberg y los hechos juzgados allí en 1945, la comunidad internacional acordó que cuando se está cometiendo algo considerado como un genocidio es el deber de la comunidad internacional ponerle fin. Detenerlo. Eso incluye el posible uso de la fuerza, con despliegue de tropas en suelo extranjero si es necesario. Por eso tiene su aquel este debate semántico. A algunos países, como Francia o Estados Unidos, lo de Ruanda no les parecía un genocidio, sino que hablaron de actos de posible genocidio. Vean ahí el matiz: no genocidio, sino algo que a lo mejor es genocidio, total: nos quedamos quietos. Madeleine Allbright, secretaria de estado en la administración Clinton, no se cubrió de gloria precisamente, al sentir de algunos comentaristas. François Mitterand, tres cuartos de lo mismo. De modo que no se hizo gran cosa para parar aquello. El general Dallaire y sus hombres fueron evacuados. Y el asunto continuó. Continúa, de otra forma, hasta el día de hoy.

En fin, Dallaire, ya retirado de las fuerzas armadas canadienses, fue entrevistado por la BBC hace algunos años. De las cosas que dice, hay una que llama mucho la atención. Dice que como no podían disparar a los asesinos, se dedicaron a disparar a los perros. Los perros de Kigali, explicaba, tenían hambre y entonces se volvieron como locos con tanto cadáver. Así que las fuerzas de paz de las Naciones Unidas dispararon a cientos de perros por motivos de higiene pública. Dallaire comienza la entrevista de la BBC tranquilo, sosegado, pero hacia el final pierde un poco la compostura y casi gritando a la cámara dice que ya casi no hay perros en Ruanda.








LOS COLORES DEL METAL


Honestamente, soy más de Rosalía y C. Tangana y cosas por el estilo, aunque al mismo tiempo le tengo respeto a Lucifer, por lo tanto el arte que ilustra las portadas de los álbumes de jebimetal, que tiene una larga y hermosa historia, siempre ha llamado poderosamente mi atención. Desde luego, no tengo ni repajolera idea de la diferencia que existe entre el death metal y el black metal y hasta ahora no sabía que hubiera bandas de melenudos en sitios como Mongolia: mi interés por este ámbito de la música se centra de forma casi exclusiva en las portadas; escuchar los discos me da miedo. Porque hay verdaderas maravillas espantosas que nos asaltan los ojos y nos conmueven el alma en esas portadas: las ilustraciones que decoran los discos de estas bandas suelen abundar en lo satánico, lo blasfemo, lo mórbido, lo sangriento, lo macabro, lo abominable y lo necrófilo. Y dado que hay un blog de Yahoo Tumblr (antes conocido como El Tumblr Que Molaba) que se encarga de recopilar por todos nosotros este tipo de mandanga para deleite de Saitan y sus acólitos, qué mejor que aprovecharse de ello vilmente y hacer una pequeña selección de las que más me gustan.

Empezamos por la portada del álbum Soul of Raven del grupo ruso de black metal Rancour. Se trata de más ni menos que de un detalle del cuadro Angustia del pintor franco-alemán August Friedrich Albretch Schenk:



Schenk nació en Alemania pero se arruinó y se nacionalizó francés, para triunfar como pintor en Portugal, y se especializaba en pintar fábulas, esto es, cuadros de animales que indican en realidad cosas sobre nosotros. Su obra maestra es este Angustia, una metáfora del más alegre buen rollo: miren el cordero muerto. Miren la mamá oveja balando desesperada. Miren la congregación de cuervos, aguardando. 

Los estadounidenses Horseback, que se dedican a una cosa llamada folk-drone metal (a saber qué cojones es eso) también recurren a nuestros hermanos los animalillos, y a nuestra madre la Muerte, para la portada de su álbum Dead Ringers. La autora de tan curiosa ilustración es la polaca Aleksandra Waliszewska (Varsovia, 1976), una pintora de rabiosa actualidad, y no estaría de más saber un poco más sobre ella y sobre su mente perturbada.



Waliszewska utiliza una técnica conocida como pintura gouache. Dicha técnica se basa en acuarelas disueltas en agua, y su nombre procede del italiano guazzo, que derivó en el término francés gouache, "aguado". Aunque en sus inicios el arte de la polaca era más académico, inspirado en los artistas del Quattrocento como Piero Della Francesca o Giotto, luego empezó a desarrollar un estilo propio que podríamos denominar si nos ponemos melifluos como posgótico, con influencias de maestros de lo gótico como Hans Memling o Enguerrand Quarton, sin desdeñar atrocidades medievales como las de El Bosco y sombrías composiciones modernistas estilo Goya. Según Waliszewska, no hay simbolismo oculto en su arte, pese a que abundan los motivos diabólicos:


Y los gatos:


También suele pintar espantosas quimeras femeninas:


Cadáveres mutilados de mujeres:


Escenas de turbia sexualidad (atención, NSFW):


O de extrema violencia:


He aquí el arte de portada de Daniel Corcuera para el álbum Worshippers of Unheartly Perversions, de los suecos Bestiality, que le dan al trash y al black metal. Monstruos y cráneos a tutiplén, todo perfecto.


Llamándose Deicide no es de ser muy listo pensar que a estos norteamericanos practicantes del death metal y la blasfemia Dios Nuestro Señor no les cae especialmente bien. Cosa que demuestran con las imágenes elegidas para ilustrar su trabajo Once upon the Cross, cuya portada era este dibujo de Trevor Brown:


Y cuya contraportada era tal que así, también de Brown:



La hostia, amigos. El conjunto quedaba así de chulo: 


Uno de los motivos fundamentales del arte jebi es por supuesto la cabra, más específicamente el macho de la especie: el cabrón. Este animal, asociado con lo pagano y de esa forma venerado, se transmutó en un ser maligno en cuanto los cristianos empezaron a controlar el relato en Europa, y como tal se utilizó para simbolizar al Enemigo. Satanás puede adoptar el aspecto de un macho cabrío, a veces erguido sobre sus patas traseras, ejerciendo de maestro de ceremonias en un aquelarre, pero también se le puede representar como un Bafomet. El Bafomet es uno de los emblemas más conocidos del satanismo y es básicamente un ídolo caprino con alas y tetas de mujer, deliciosamente transgénero y LGTB friendly. Por consiguiente, es de lo más natural que el arte jebitrón esté lleno de cabras y cabrones, se diría que es lo primero a lo que se recurre en caso de necesidad. Los chilenos Ghâst, por ejemplo, publicaron un álbum llamado cómo no Goat, e ilustrado con esta cabra épica de Zenaida Álfdís:



Y los practicantes de sludge metal Metalwound, oriundos de Florida y conocidos anteriormente como los Combatwoundedveteran, usan esta extraordaria ilustración de Vincent Locke para su reciente álbum Culero. Se trata sin duda de una de las mejores cabras demoniacas que jamás he visto: Iä, iä, Shub-Niggurath!


Otro símbolo que aparece a cascoporro en las portadas del metal es la calavera, más en concreto la calavera humana. En el álbum БЕЗГЛУЗДІСТЬ de los (curiosamente) norteamericanos blackmetaleros Krukh este motivo se combina con los tentáculos, en un contrastado blanco y negro obra del lovecraftiano y misterioso artista conocido como Karmazid:


El gran Timo Ketola ilustra el álbum Paracletus, de los franceses Deathspell Omega, que tocan algo llamado avant-garde metal. Se podría definir como una mutación serpentina llameante:


Ketola es legendario en el mundo del metal, por cierto. Es un finlandés ido de la olla pero con mucha mano para lo monstruoso y sus pesadillas grotescas iluminan prácticamente el noventa por ciento de las portadas de álbumes de black metal escandinavo de la última década. Hay muchas webs dedicadas a alabar su obra, pueden mirar por ejemplo aquí.

Los daneses Invocator tocan technical death metal, un subgénero dentro del subgénero del death metal que exige orejas de acero. Sus álbumes presentan dibujos de raros biomecanismos, como éste de Dean Seagrave para su álbum Weave of the Apocalypse:


Puede parecer algo naif, pero la imaginería usada por Vatra para ilustrar el álbum Split de los finlandeses Satanic Torment contiene lo mínimo que se le exige al black metal clásico: sangre, cabras, demonios, despellejamientos.


El grupo taiwanés de brutal death metal Heteradelphy tuvo las malas entrañas de recurrir al locuelo Paolo Girardi para su álbum titulado con alegre optimismo Inundated with Decomposed Torsos.


Paolo Girardi, ex practicante de lucha libre en la ciudad de Nápoles, fan declarado del jebimetal y desprovisto del sentido del olfato por su exposición reiterada a la trementina, tiene algo que otros ilustradores no tienen: una webcam conectada directamente con el Infierno. Para que se hagan una idea de la naturaleza de su persona, aquí tienen una foto suya posando en su no muy limpio cuarto de baño. 


Anders Røkkum y uno de sus sensuales súcubos licuados ilustran por su parte el álbum 16-16 de los checos Goddes of Retribution. Al igual que los taiwaneses anteriormente mencionados estos tipos también tocan brutal, pero en este caso black y no death. Cuál es la diferencia solamente Belcebú lo sabe.


La clerigalla en general, nos referimos aquí a curas, monjes, monjas, papas y demás siervos de Jesucristo, recibe por sistema buenos sopapos en las portadas metaleras. Es una cuestión de principios, si un verdadero jebitrón entra alguna vez en una iglesia es para prenderle fuego. Hay una enorme cantidad de variaciones sobre este tema, y como ejemplo tenemos este dibujico de Gonçalves para el álbum Bloody Vengeance de los brasileños Volcano:

Un asqueroso y putrefacto cadáver que por algún motivo tiene pulso: así es como Jon Zing ilustra las sensaciones que los noruegos Kraanium quieren trasladarnos en su Slamchosis.


La portada de Antti Saikkonen para el Three-Faced Pilgrim de los finlandeses Alghazanth representa a dos cisnes trabados en un combate mortal. Pese a tratarse de un dibujo muy alejado de los aspavientos terroríficos más acordes con la mentalidad asolescente de los grupos metaleros, tengo que admitir que hay algo en él que me llena de desasosiego. 


Referencias asatrú a cholón las de Morten Grønnegaard para el álbum Sword and Scythe de los daneses Rising. Lo que no es raro ya que Rising son daneses de la Dinamarca pagana y sus canciones suelen versar sobre lo cojonudo que sería que los vikingos volvieran y saquearan el Ikea. Cosa que me acabo de inventar, nunca en la vida he escuchado un tema de Rising, hulio.


Sigamos con dos grupos japoneses, porque los japoneses lo copian todo y el metal no iba a ser una excepción. Los Gotsu Totsu Kotsu se apropian culturalmente del death metal y para su álbum The Final Stand, con arte de portada del gaijin Velio Josto, recurren a una temática estilo ukiyo-e con samuráis, espadas y cabezas cortadas:



Pero casi prefiero esta deprimente maravilla de Eliran Kantor para el Heir to despair de Sigh. Nunca el death metal progresivo fue tan sutil:



Si eres argentino y tu objetivo vital es tocar death metal lo más mejor es que Santiago Caruso ilustre tu álbum, ya que Caruso es de la tierra, sabe un montón de ocultismo y otras mierdas chungas y tiene un estilo excepcional. Verbigracia, aquí tenemos la ilustración de Caruso usada en el Quimera de perfección de los boanarenses Avernal:


Llegamos al final, y para ello recurrimos a una perla oscura que corona esta galería de arte jebitrón. Una de cuyas variantes más extremas es lo que se podría denominar arte intestinal, dado que son los intestinos y otras tripas, más o menos desplegadas, y combinadas o no con otros motivos sanguinolentos, las que predominan a la hora de mostrar visualmente las delicias sonoras del grindcore. Un ejemplo estupendo es este dibujo Aditia Wardhana para el Gore 2.0 de un grupo de grindcore sudafricano que tiene por nombre el siguiente trabalenguas: XavlegbmaofffassssitimiwoamndutroabcwapwaeiippohfffX. 


Esa ristra no es la clave del wifi del Señor de las Moscas, sino que es un acrónimo que según sus creadores significa Acidic Vaginal Liquid Explosion Generated By Mass Amounts Of Filthy Fecal Fisting And Sadistic Septic Syphilic Sodomy Inside The Infected Maggot Infested Womb Of A Molested Nun Dying Under The Roof Of A Burning Church While A Priest Watches And Ejaculates In Immense Perverse Pleasure Over His First Fresh Fetus (ya pueden respirar). No creo que sea necesario traducirlo: vagina, sífilis, sodomía, eyaculación, fetos frescos, etcétera, son términos típicos de la poesía grindcore que todos los muchachos y muchachas de bien conocen de sobra.
En resumidas cuentas, ojalá Rosalía tuviera portadas así, por la cabra negra de los mil retoños.