Se llama Objetivismo a la filosofía desarrollada por la pensadora y escritora de novelas de ciencia ficción Alisa Zinóvievna Rosenbaum (1905-1982), que es más conocida por el nombre que adoptó cuando huyó de la Rusia bolchevique y se asentó en Nueva York: Ayn Rand. Ayn es polémica y no ha dejado nunca de estar de actualidad. Rand concita lo mismo el amor como el odio: millones de memes en internet se ríen de sus ideas, al mismo tiempo que los altos cargos de la administración de El Trumpo comulgan públicamente con su pensamiento. Provoca el rechazo en los filósofos académicos, los cuales consideran que su filosofía es una mierda pinchada en un palo, y sin embargo ahí tenemos a lumbreras como el porrero Elon Musk dedicando untuosos tuits a elogiar su figura. Sus novelas han tenido millones de lectores, sobre todo estadounidenses, que las han considerado auténticas piedras miliares en su educación; pero también es cierto que las más famosas, como The Fountainhead y Atlas Schrugged, han sido destruidas una y otra vez por la crítica. Además, pueden resultar un poco densas. El otro día sin ir más lejos tuve en las manos la última traducción del Atlas y los brazos se me cansaron.
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| Helen Mirren as Ayn Rand |
¿De qué va el Objetivismo? A continuación, un esbozo. Muy posiblemente, un esbozo erróneo. Mis conocimientos sobre el objetivismo se basan en seguir por Twitter a un par de anarcocapitalistas idos del bolo, haberme pasado el Bioshock en fácil y en un sueño que tuve una vez: Rorschach iba a la Quebrada de Galt y mantenía allí un romance con Alan Greenspan. Era precioso. De todas formas, quizá puedan tirar de esto en alguna cena con sus amistades y dejarlas picuetas con sus conocimientos fragmentarios y esencialmente falsos acerca de semejantes chorradas. Estamos aquí para serles de utilidad.
METAFÍSICA OBJETIVISTA
La metafísica es el estudio de la ontología. La ontología es el estudio de lo que existe. La ontología asimismo puede referirse al estudio en concreto las sustancias que forman lo existente. Tan apasionante campo también se denomina cosmología. Ayn considera que la ontología debe dedicarse exclusivamente al estudio de lo que existe, dejando lo cosmológico en manos de las ciencias positivas.
La ontología intenta responder a estas tres cuestiones:
1. ¿Existe algo?
2. Si algo existe, ¿qué significa que existe?
3. Si algo existe, ¿lo hace independientemente de la conciencia?
Ayn meditó sobre estas cuestiones y las respondió con una serie de conclusiones que ella, muy subida, denomina axiomas:
1. La existencia existe (que es una manera de decir que sí, algo existe).
2. Toda cosa que existe posee una identidad, ya que una cosa tiene que ser algo. Por lo tanto, tenemos el lema objetivista A es A (esto es, lo que es es lo que es, y variaciones de lo mismo).
3. Tú existes, porque posees una conciencia que te permite percatarte de tu existencia. Lo mismo es aplicable a todas las personas existentes, incluso a Lenin.
4. Pero las cosas existen independientemente de tu conciencia acerca de ellas.
Por lo tanto, el Objetivismo declara que existe algo, y que ese algo existe independientemente de la conciencia. En otras palabras, para Ayn el hecho de cerrar los ojos o no ser consciente de algo no destruye la existencia de las cosas. Aquí Ayn es muy aristotélica y se sitúa en el extremo opuesto a la metafísica idealista.
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| Mad Marx III: Más Allá de la Cúpula del Anarcocapitalismo, vía Existential Comics |
En parte por todo lo anterior, Ayn se declara atea y convierte a su Objetivismo en una filosofía sin Dios. El razonamiento es más o menos así: la realidad existe independientemente de la conciencia. Por eso mismo, la noción de un creador que posibilite la existencia desde la nada debido a su voluntad es una falacia lógica. Asimismo, la idea misma de un creador omnipotente, omnipresente y omnisciente está en contra de la primera ley de la ontología objetivista, ya que un creador de ese estilo, por decirlo de alguna manera, sería B además de A, y el resto de las putas letras del alfabeto, y eso no puede ser y además es imposible. Si la existencia es finita y específica, no puede haber sido creada por una instancia inespecífica e infinita. O algo así, eso es lo que entiendo que dice esta pava, amigos, a mi que me registren, yo creo en Cthulhu.
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| El secreto de su prolijidad |
EPISTEMOLOGÍA OBJETIVISTA
La epistemología es el estudio del conocimiento y el título de una canción de Les Luthiers. Ayn nos dice que el conocimiento opera desde la razón. La razón puede operar de dos formas principales:
1. La gente nace con ideas innatas y razona a partir de estos conocimientos digamos a priori. Es lo que se llama postura racionalista.
2. La gente no nace con ideas innatas o mierdas de esas, o nace con muy pocas y son embrionarias e inútiles, y razona a partir de sus observaciones de la realidad existente que lleva a cabo con sus sentidos. Esto es la postura empirista.
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| Machismo |
Por si se lo preguntaban, Ayn es una empirista de tres pares de cojones, está situada muy arriba en la escala del empirismo. Afirma que en última instancia todo conocimiento procede de lo que percibimos por medio de nuestros sentidos acerca de la realidad. Las personas para Rand no tienen ideas innatas, sino que las adquieren deduciendo o induciendo cosas de los hechos fácticos que se desarrollan en la realidad existente externa a la conciencia.
Ahora tendríamos que explicar el tipo concreto de empirismo que practican la mayoría de los objetivistas, o por lo menos intentarlo. En esencia es un puto rollo todo, pero se puede resumir muy malamente en cuatro puntos:
1. Ayn dice que percibimos la realidad en sí misma.
2. Ayn dice que generamos el conocimiento fabricando abstracciones a partir de los datos factuales que recogemos de la realidad externa. En este sentido, Ayn en conceptualista. Por eso se diferencia de los realistas platónicos, los realistas moderados y los nominalistas. Luego hablaremos de esta fauna al tocar el tema de la ética, pero no mucho más, y desde luego no mejor.
3. Ayn dice que esas abstracciones se organizan de manera lógica. Esto atañe a la verdad o falsedad de esas abstracciones: una abstracción (también podemos llamarla idea o concepto) es verdadera si se puede deducir de manera lógica de otras abstracciones o ideas o conceptos también verdaderos.
4. Ayn dice que el conocimiento de las cosas depende del contexto. Abstracciones particulares se derivan de percepciones particulares, y es básicamente herético aplicar abstracciones derivadas de una experiencia concreta a otra experiencia o conjunto de experiencias diferente.
ÉTICA OBJETIVISTA
La ética es una frondosa rama del frondoso árbol de la filosofía que se ha venido ocupando de dilucidar estas cuestiones:
1. ¿Qué es el Bien?
2. ¿Qué es el Mal?
3. ¿De dónde procede nuestra noción de que está bien, lo que está mal y lo que está regular?
En fecha de hoy, que se sepa, todavía no se ha dado una respuesta a estas preguntas que convenza a todo el mundo, lo que no ha impedido, por otra parte, que muchas personas más o menos cuerdas las hayan intentado responder. En sus respuestas, Ayn se centra en el concepto del Bien, que ella llama valor, y dedica todos sus esfuerzos a la pregunta 3: ¿de dónde cojones sacamos la idea de valor?
Dado que algo como el concepto de "lo bueno" se puede considerar una abstracción mental o una idea, Ayn usa para definirlo las herramientas que le proporciona su epistemología conceptualista. Para diferenciar la postura randiana de otras posturas, no estaría de más dar un largo rodeo, mencionando en qué consiste "lo bueno" en otros sistemas éticos.
1. Para un realista platónico, el Bien es nada más y nada menos que la esencia de la bondad perfecta que habita en un mundo ideal de abstracciones que es superior y más verdadero que el mundo de aquí abajo, el grosero mundo de la experiencia sensible. Las cosas, acciones e ideas que consideramos "buenas" lo son porque participan en algún grado de la idea perfecta del Bien que flota (metafóricamente) en el plano superior.
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| Loco te quedas |
2. Para un realista moderado, el Bien es lo que caracteriza a las acciones, ideas y cosas que son buenas. Puede parecer un razonamiento circular y quizá hasta lo sea, pero se puede expresar de otra forma: simplemente la bondad es una característica intrínseca de ciertas acciones, ideas o cosas. Nota bene: adviertan que esta interpretación acerca de lo que es bueno arroja resultados peculiares. Por ejemplo Aristóteles, que es el abuelo de todo este rollo, decía que lo bueno es lo que se deduce de las cosas buenas, y que las cosas son buenas cuando éstas ejercen su función natural. Desde este punto de vista, algo como una bomba termonuclear puede etiquetarse como "buena" en el sentido aristotélico cuando cumple con su función natural, en este caso borrar ciudades enteras del mapa desintegrando a hombres, mujeres y niños y causando cáncer a los supervivientes durante muchas generaciones. Cuidadito con Aristóteles.
3. Para un nominalista el Bien es una mera etiqueta. Las personas, o mejor dicho sus mentes, asignan la etiqueta de "bueno" a ciertas acciones, ideas o cosas, pero esa bondad no tiene nada que ver con la realidad objetiva. Los nominalistas (entre ellos los escépticos epistemológicos y los posmodernistas) llegan en algunos casos a negar que se pueda obtener un conocimiento verdadero de la realidad, o niegan la existencia de la realidad, y uno de los corolarios de este punto de vista es que es imposible basar la idea de El Bien en algo ajeno a las conciencias de la gente o en algo intrínseco de las cosas.
Ayn es conceptualista: para ella y los objetivistas el concepto de valor es una abstracción que se genera entre la realidad objetiva y nuestras mentes, siendo el valor aquello que es bueno para una conciencia. Esto significa que para Ayn el concepto de bueno es subjetivo más que objetivo, lo que la sitúa más cerca de los nominalistas que de los racionalistas, y eso a lo mejor hasta es irónico.
Pero la cosa no queda aquí. Al ser las ideas abstracciones dependientes del contexto, dependen de las experiencias concretas. En el caso de nuestro mundo moral tenemos, al decir de Ayn, seres humanos con conciencia y libertad de elección. El principal valor entonces sería la libertad para seguir existiendo. ¿Por qué? Porque si una conciencia decide no seguir viva entonces estaría muerta. Estar vivo es existir, y estar muerto es no existir (como conciencia, no como cadáver, se entiende). Y, según Ayn, no existir es lo puto peor. ¿Por qué no existir es lo puto peor? Por pura lógica, ya que los seres humanos disponen de conciencia y libertad de elección y la existencia es racional y bla, bli, blu. Una vez más aquí asoma un círculo, pero lo más probable es que no esté pillando este aspecto particular del objetivismo.
Entonces, tenemos que en el objetivismo el Bien es aquello indisociable de la necesidad racional que tienen los seres humanos de permanecer vivos todo el tiempo que puedan. ¿Y qué nos hace seguir viviendo? Esto es lo que se llama propiamente la ética objetivista, o los Mandamientos de Ayn para vivir una vida buena, si lo prefieren. Pueden resumirse más o menos como sigue:
1. Lo bueno es ser racional. Esto es lo principal. Lo demás son adendas.
2. Lo bueno es pensar por uno mismo.
3. Lo bueno es confiar únicamente en lo que los otros hacen bien, y desconfiar en cualquier otra circunstancia.
4. Lo bueno es luchar para conseguir nuestros fines.
Adviértase que los Mandamientos randianos conciernen al individuo y solamente al individuo. Más allá del individuo no hay ética posible. Por todo ello, lo Malo, en el contexto específico de sere humanos racionales y con libertad para elegir, es todo aquello que impida la racionalidad y el libre albedrío ejercido por los individuos. Así pues, la violencia es mala porque coarta la necesidad humana de un individuo de seguir viviendo dictada por la razón. La mentira es mala porque coarta la necesidad humana de un individuo seguir viviendo dictada por la razón. La coerción es mala porque, en fin, ya se lo pueden imaginar. Violencia, engaño y coerción no es que sean cosas malas, es que, para los objetivistas, son lo puto peor.
POLÍTICA OBJETIVISTA
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| Ayn no le gusta a todo el mundo |
Para Ayn y los objetivistas, la política apropiada para los seres humanos se deriva suavemente de todo lo anterior. Se podría decir que es la política lo que más interesa a Rand. La ontología y epistemología objetivistas sirven para mostrar que la política ideal randiana es correcta porque es racional; la ética objetivista sirve para mostrar que la política randiana tiene valor, que es buena; las novelas de ficción de Ayn sirven para meterte esos conceptos en la cabeza a base de parrafadas machaconas.
La política, por decirlo en pocas palabras y mal, trata acerca de la forma en la que debería organizarse un grupo de seres humanos. Ese grupo de seres humanos puede ser una familia, una tribu, un país o el mundo entero, pero por lo general Ayn habla de los Estados Unidos de América, su país de adopción y el país en el que sus ideas acerca de cómo deberían organizarse los seres humanos tienen más predicamento. Los filósofos siempre han disfrutado diciéndole a los demás lo que es mejor para ellos; para Ayn, lo mejor es el clasicismo liberal o minarquismo. Para Ayn, el Estado ideal es aquel que no impide la acción de los individuos por medio de la violencia, la mentira o la coerción. Es decir, el Estado ideal objetivista es aquel que no impide que dos o más individuos realicen libremente lo que quieren realizar, excepto en los casos en que exista violencia, mentira o coerción. Por consiguiente, el comportamiento económico de un Estado ideal randiano es el capitalismo de laissez-faire. El Estado no debe intervenir en los acuerdos económicos que se establecen de forma libre y consensuada entre dos o más actores de la economía, sean individuos o empresas. El Estado no debe atacar, disminuir o controlar en forma alguna la libertad de los individuos. Las únicas ocasiones en las que el Estado puede hacer un uso legítimo de la fuerza es para impedir que se violente, mienta o coaccione a los individuos que forman ese Estado.
Nótese que Ayn se llamaba en realidad Alisa Zinóvievna, y que había nacido en San Petersburgo, del que emigró cuando los comisarios bolcheviques se hicieron con la propiedad de la farmacia de su padre. Tal experiencia debió de marcar intensamente el espíritu de la joven Alisa. Está claro que hay un poco de resquemor personal en su visión filosófica, por decirlo suavemente.
Nótese asimismo que el Estado ideal objetivista no se ocupa de proporcionar los medios para los individuos hagan o tengan algo, por ejemplo educación y sanidad. La educación y la sanidad pueden constituirse por acuerdo entre dos o más individuos que ejercen su libre albedrío sin presiones ni intervención del Estado. La educación y la sanidad gratuitas es lo propio de los Estados de corte liberal modernos, no del país de las maravillas randiano.
Nótese también que Ayn y los objetivistas no defienden lo que se ha dado en llamar neoliberalismo, capitalismo depredador o capitalismo de monopolios, al menos en principio. En principio, creen que los seres humanos, actuando según su propia decisión individual, buscando su propio interés y actuando de forma ética, pueden generar una sociedad armoniosa y justa sin necesidad de que papá Estado tenga que intervenir en nada o regular lo que sea. Hablamos de la mano invisible de Adam Smith; Ayn, que siempre está buscando diferenciarse del resto de pensadores, lo llama la gran cadena, pero en el fondo es más o menos lo mismo, me parece. De acuerdo: este es un punto polémico. No solamente porque muchas personas odian el capitalismo por principio, en tanto en cuanto encarna todo lo que está mal en el mundo según su punto de vista. También porque parece evidente que muchas personas que dicen seguir los principios del objetivismo han incurrido en los pecados neoliberales más extremos, convirtiéndose en hienas, buitres y cerdos explotadores. Hay quien dice que el objetivismo es una filosofía inmunda porque, aunque parece estar hecha con los mejores ingredientes, al cocinarla se obtiene un plato que sabe a mierda. Dicen que no es más que la excusa de los egoístas para estar cómodos con su egoísmo. Dicen que los postulados individualistas randianos están muy bien si eres un adolescente que le busca sentido a esta vida nuestra, pero que cuando intentas aplicarlos a la realidad no acabas en un paraíso; acabas en Rapture.
EL EGOÍSMO ÉTICO OBJETIVISTA
Otro aspecto de la ética objetivista que hace fruncir el ceño a la gente, y que no hemos tratado hasta ahora, es la tirria que Ayn le tenía al altruismo. Vamos a intentar explicar esto desde el propio objetivismo usando los argumentos precedentes, cosa que no impedirá que por lo menos en un primer vistazo Ayn nos parezca una zorra desalmada. De hecho, se conserva una carta en la que una sobrina le pide dinero a Ayn Rand y ésta, en otra carta y como buena cofrade de la Virgen del Puño Cerrado, se lo niega y además le regala a la pobre una larga digresión sobre el valor de la elección individual que no es tan cansino como el puto discurso final de John Galt, pero casi.
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| La Gran Cadena |
En primer lugar, Ayn no está en contra del "altruismo" tal y como se entiende popularmente. Lo que hace es rechazar la idea filosófica compleja sobre el altruismo desarrollada por el pensador francés Auguste Comte, señor al que Ayn parece que odiaba con todos los colmillos. A este altruismo comtiano también se le han opuesto otros muchos pensadores, tales como el utilitarista Stuart Mill, por cierto: en eso Ayn no está sola.
Para nosotros, humildes personas de a pie, el altruismo es un concepto más bien vago. Es más o menos portarse bien con los demás, hacer favores de vez en cuando y en general no hacer mucho el capullo. Ayn dice no tener nada en contra de esto: si alguien, haciendo uso de su libertad individual, decide hacer favores a los demás, estupendo. Pero claro, si hace esos favores ha de ser, por pura lógica objetivista, porque obtiene algo en su propio interés. En el caso del altruismo, según Ayn, el valor obtenido sería la satisfacción personal por haberse comportado altruistamente. Esto no es muy cristiano pero por lo menos se comprueba que en principio un objetivista puede ser altruista. Aunque con un giro insospechado.
Lo malo, según Ayn, es cuando el hecho de ayudar a los demás mediante el sacrificio de los propios intereses se convierte en un valor positivo absoluto, y el hecho de no hacerlo se convierte en lo opuesto, un valor absoluto negativo. Esto es al parecer lo que predicaba Comte, y eso es lo que Rand rechaza de pleno. En su rechazo utiliza una serie de argumentos:
1. El argumento filosófico propiamente dicho contra el altruismo comtiano es que es falso de toda falsedad y además una mentira que te cagas afirmar que sacrificarse por los demás es bueno. En la ontología objetivista, la naturaleza de las cosas no es buena ni mala: A es A, nada dice que A deba ser altruista, egoísta, del Real Madrid o lo que fuere. Y en la ética objetivista, lo principal, recordémoslo, es que la moral se centra por lógica en las necesidades individuales de los seres humanos, criaturas racionales con libertad de elección. El altruismo en sentido comtiano coarta esa libertad de elección, al convertir el sacrificio por los demás en la única opción moralmente válida.
2. Pero también está el argumento político-biográfico. Recordemos la huida de la Rusia colectivista por parte de la joven Alisa Rosenbaum. Al asistir al alzamiento y toma del poder por parte de la facción bolchevique del movimiento socialista ruso, Ayn sostiene que lo que ocurrió en el fondo fue el alzamiento y la toma de poder del puñetero altruismo comtiano. Los putos rojos comunistas, dice Ayn, justificaban sus más atroces atentados contra la libertad de los individuos (por ejemplo, quitarle la farmacia a su papá) en nombre de cosas como el bien común, el bien de la sociedad o el bien de los otros. El trauma llevó a Ayn a albergar una desconfianza absoluta hacia cualquier forma de organizar un Estado que pudiera permitir ataques a la libertad de los individuos, y a sus propiedades, en nombre del sacrificio altruista y el bien común de un colectivo de personas. Por todo ello, en la galería de los malos para los objetivistas no están solamente los bolcheviques rusos, y los comunistas en general, sino también los socialistas, los recaudadores de impuestos, la Iglesia católica, los reyes feudales, los patriotas vocingleros, e incluso los partidos libertarios estadounidenses (a los que la señora Rand llamaba desdeñosamente hippies de derechas). Obviamente, cualquier persona que pida cualquier tipo de ayuda del Estado es para los objetivistas una mala persona: a veces Ayn se refiere a esta gente con el cariñoso apelativo de parásito. El héroe randiano por excelencia es por tanto el entrepeneur ferozmente individualista al que le importan un bledo las regulaciones impuestas por los Estados intervencionistas.
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| George W. Bush jr. chupándole la sangre a la libertad individual |
John Galt subido a una colina haciendo el signo del dólar en el aire. Eso es lo que le ponía.
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| Si se leen la Biblia Satánica de LaVey le encontrarán la gracia |












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