Según la Wikipedia, Medusa era una de las tres hijas de Forcis y Ceto, o de Tifón y Equidna, a saber, igual da, supongo.
En todo caso, era un ser mitológico, por lo tanto inexistente, o eso parece a todas luces, que se imagina en su forma más famosa como una mujer de hechuras mediterráneas bastante atractiva, pero cuyos pelos de la cabeza eran JODIDAS SERPIENTES COLEGA(1). Serpientes de una especie sin determinar; y tampoco sé si eran todas de la misma especie o más bien de especies variadas, por ejemplo cuatro o cinco mambas negras para dar volumen, una pitón más bien pequeña hecha un ovillo para hacer la permanente, una víbora hocicuda en plan coleta y una docena de culebras de río más finas colgando como si fueran rastas. Creo que sería bastante chulo, aunque el cuello de Medusa a lo mejor sufría por el peso. Así pues, Medusa era una jamona alta con serpientes en la cabeza, pero también es verdad que Homero la moteja de horrendo monstruo grisáceo, y algunas veces se la retrata con alas mucilaginosas y con una cola gorda de ofidio en vez de piernas, ver más abajo, pero en fin, el consenso se sitúa en otorgar a Medusa una imagen que combina belleza armoniosa y amenaza letal: un poco como unas tijeras, que son bellas y amenazantes al mismo tiempo. Junto con sus dos hermanas, llamadas Esteno y Eurídale, Medusa, que significa la protectora o la guardiana, formaba una troika de jodidos monstruos ctónicos (ahora me entero de que ctónico significa algo chungo salido de la tierra) conocidos colectivamente como las Gorgonas. Por lo visto, los antiguos griegos que había antes de los antiguos griegos, los griegos primigenios podríamos decir, llamaban gorgonas a todas aquellas bestias mitológicas de sexo y género femeninos que estaban asociadas con oscuros y antíquisimos preceptos religiosos de lo más paganos y cuya función principal era la proteger cosas. ¿Qué cosas? ¿La guadaña de Cronos? ¿La lentilla de un cíclope? ¿La cuenta corriente de Zeus? ¿La entrada de una discoteca? Ni puta idea, pero seguro que algún poeta griego o romano lo sabía y lo puso por escrito en algún lado.
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| Por Peter Paul Rubens |
La forma en que las gorgonas, incluyendo a Medusa, protegían cosas sin especificar era mirar pero que muy fijo a la gente. Si una gorgona te mira fijamente, dice el mito, y si tú miras fijamente a la gorgona, digamos como cuando desvirtualizas a una persona que has conocido en Tinder Sociedad Anónima y le miras fuerte a los ojos para intentar adivinar si esa noche vas a follar, o también si acaso no has quedado con un violador en serie, etcétera, si la gorgona y tú os miráis fijamente, decíamos, tú te conviertes en piedra. Así de claro. No se nos dice qué tipo de piedra. A mí me gusta pensar que en basalto negro con vetas verdosas. El caso es que te quedas convertido en una puta estatua con cara de gilipollas, ése es el poder de las gorgonas en general y de Medusa en particular.
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| Por Mike Mignola |
Bueno, en Sálvame Mitología Griega es bien sabido de siempre cómo el héroe Perseo logró cortarle la cabeza a Medusa. Hay un profuso cuerpo mitológico acerca de Perseo explotado por poetas y dibujantes de tebeos y directores de cine porno y antropólogos de todos los países civilizados: no pasa nada si contamos esta manida historia una vez más, así llenamos párrafos. Pero lo contaré tal y como se me contó cuando era pequeño. El caso, me contaron, es que Perseo no realizó la heroica decapitación debido a que la gorgona le hubiera hecho alguna putada, como convertir en piedra a su cuñada, por ejemplo, sino porque se lo pidió no sé qué puto rey. Perseo hizo trampas a lo bestia el muy cabrón. No fue al encuentro de Medusa a pecho descubierto y sin tener ni pajolera idea, sino pertrechado con una serie de gadgets y conocedor de información clasificada sumistrada por la mismísima Atenea, la diosa de la sabiduría, y por el mismísimo Hermes, el dios de los mentirosos y los ladrones (y también pidió señas a las llamadas Grayas(2), pero no liemos más la cosa). Hermes le dio a Perseo unas sandalias con alas, tal como suena, no me lo invento, y un casco de invisibilidad que le había distraído al mismísimo Hades(3). Y Atenea por su parte le suministró un escudo hecho con un material tan, tan pulido que parecía un espejo el escudo de los cojones, así como una espada calibre .45. Todavía no he entendido muy bien para qué usó exactamente Perseo las sandalias-helicóptero, pero lo que está claro es que con el resto de los cachivaches la misión de cortar cabezas estaba más que al alcance de cualquiera.
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| Por Adrian Borda |
Primero, Perseo se acercó al cubil de Medusa cuando ésta estaba en otras cosas, de forma artera, torticera, zorruna, cobarde y aprovechada.
Segundo, en la cueva llena de héroes anteriores convertidos en estatuas con cara de ceporro, puso el escudo frente a sí para evitar que la gorgona le mirara a los ojos con sus ojos petrificadores. Pero atención: como el escudo estaba tan pulido que parecía un espejo, Perseo podía observar el reflejo del monstruo y vigilar sus movimientos sin exponerse a los consabidos rayos petrificadores oculares mágicos. Très ingenioso.
Tercero, el mal llamado héroe Perseo dejó la mano muerta, y Atenea en persona, que por lo visto había imbuido su espíritu en la espada o la controlaba a distancia o no sé qué movidas, puso la espada en el cuello de Medusa y chac, cabeza a la saca, petrificación evitada, serpientes siseando, el rey estará contento y pagará bien.
Cuarto y último: como es de suponer, las hermanas de Medusa se cabrearon de la hostia cuando se enteraron de aquella guarrada y les dio por perseguir a Perseo con comprensibles ánimos de venganza. Aquí entra el casco de invisibilidad robado a Hades, por supuesto. Perseo se fue de rositas sin que Eurídale y Esteno pudieran encontrarle, y la cabeza de Medusa, con todas las serpientes despeinadas, acabó decorando un puto escudo.
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| Por Ray Harryhausen |
¿Por qué cuento así esta historia? Tengo dos hermanas, a las que quiero mucho, y una de ellas, la mayor, fue, es y será una verdadera fan de Medusa. De siempre le ha gustado dar la brasa contando historias, y al ser el menda más pequeño y débil de la manada yo lo tenía crudo para escapar. Gracias a ella, cuando era un cachorrillo inocente que no se coscaba de las alusiones sexuales de Doraemon, el gato cósmico, conocí el mito de Perseo, ya que ella me lo contaba una y otra vez durante las oscuras y ventosas noches invernales. Y también durante las calurosas y achicharrantes tardes veraniegas. Así pasábamos el rato, ella contando historias y yo escuchando, eso si no nos dábamos de collejas o jugábamos al burro(5). A veces lo compaginaba con otros cuentos menos divertidos, como la biografía de John Wayne Gacy, el Auténtico Payaso Asesino, pero centrémonos en Perseo y Medusa. Su manera de contar esta historia en particular era descaradamente pro-gorgona. Era evidente que Perseo no le caía nada bien(6) a mi hermana, y aunque nunca llegó a decir en voz alta que Perseo era un maldito hijo de perra, un señoro pollavieja como se diría hoy, veia esas palabras reflejadas en sus ojos. Por lo tanto, también yo empecé a desarrollar una creciente admiración hacia esa criatura indómita con serpientes en la cabeza que era capaz de convertir a la gente en piedra y que había sido decapitada por un griego tramposo y probablemente maricón (eran otros tiempos, más declaradamente homófobos que los actuales); griego que de forma natural también tendía a menospreciar. ¿Por qué admiraba mi hermana a Medusa? No lo sé, y nunca me ha dado por preguntarle el motivo, pero si tengo que imaginar alguno, supongo que ella veía en la gorgona a un ser que, siendo femenino, también era poderoso. Aunque también puede ser que simplemente mi hermana estuviera mal de la puta cabeza. Recuerdo que me contaba con palabras de admiración, y no de horror, que Medusa convertía en piedra a cualquiera a quien mirase fijamente, a cualquiera, insistía en el concepto, y cuando le pregunté, con voz trémula (acababa de salir de catequesis), si acaso Medusa convertiría en piedra a nuestro Señor Jesucristo, ella dijo: sí, claro. Por supuesto que sí. Y añadió que si la Virgen María, madre de Dios, se topara con Medusa, se quedaría como la escultura que hay en la Basílica del Pilar(7).
Así de fanática de la gorgona Medusa era mi hermana mayor.
Llevado por esa fascinación compartida, ya de muy chaval empecé a coleccionar imágenes de aquella criatura, que era, como habrán imaginado, también una especie de mito familiar(8). Había muchas. Lo cierto, y de eso te enteras muy pronto, es que a los artistas de todas las épocas les ha encantado glosar, pintar, esculpir o filmar a Medusa. Tiene un je ne sais qoui que le hace atractiva a ojos de las personas que tienen algo de talento, quizá, o a lo mejor está todo relacionado con la castración como decía Sigmund Freud y en realidad todas las representaciones de Medusa constituyen un intento inconsciente de mantener el nabo integrado con el resto del cuerpo, o es posible, digamos, que una top model con serpientes en el pelo capaz de convertir en pedrusco a quien mire es un concepto que atrapa la imaginación por sí mismo, sin más historias. Quién sabe. El caso es que si me preguntaran cuál es la representación artística de la gorgona Medusa que más me gusta me quedaría con el bichejo que aparece en la película Furia de titanes, de mil novecientos ochenta y uno. Furia de titanes es básicamente una película cutre de krákenes de plastilina, actrices mostrando el canalillo aprovechando que los vestidos son paganos, actores cejijuntos y Laurence Olivier haciendo de Zeus para pagar la hipoteca del chalé. La típica película que cuando la ves de crío y no tienes ni puta idea de nada te parece la hostia y que cuando la vuelves a ver de mayor, ya curtido en el imaginario de Lars von Trier y Michael Bay, te hace fruncir el ceño y silbar incómodo. En otras palabras, una obra maestra del séptimo arte.
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| La actriz Prudence Hyman interpretó a Medusa en la película The Gorgon (1964) |
La película la dirigió un tal señor Desmond Davis, pero los efectos especiales son de Ray Harryhausen. Medusa en sí, un muñeco animado por stop-motion, solamente aparece como unos cinco minutos, pero joder, qué cinco minutos. Hace poco le mostré a un sobrino la secuencia y le dedicó una mirada aburrida antes de sumergirse de nuevo en el puto Fortnite, una evidencia más de que las generaciones que vienen no tienen alma. ¿Qué puede esperarse de una humanidad venidera que desdeña los venerables mitos de sus ancestros y abraza otros nuevos y más idiotas, como el Slenderman, ese puto oficinista alto y pedófilo que ni siquiera tiene cara? Aunque hay que decir que Harryhausen, quizá llevado por su pasión por todo lo teratológico, imaginó una Medusa bastante más desagradable que la preciosidad de la que hablaba Ovidio, y mucho más demoniaca: un monstruo con todas las letras, el tipo de cosa malvada que te alegra que masacren sin piedad, y no la sutil creación de los poetas y los pintores de antaño, mucho más centrados en la belleza de la mujer que en lo reptiliano de la serpiente. No obstante, la Medusa de Harryhausen, pese a ser básicamente una serpiente con tetas, cara de muy malas pulgas y más serpientes en la cabeza, sigue siendo femenino. De alguna forma más bien espantosa, claro.
A lo mejor por eso mi hermana odia a esa Medusa.
(1) Una versión del mito cuenta, en la forma telenovelesca y chunga que suelen adquirir los putos mitos griegos, que en un principio Medusa era una chavala normal, o una semidiosa normal, o un titán normal (las denominaciones son confusas), hasta que un día el dios del mar, Poseidón, la violó en el templo de Atenea. Tal afrenta le sentó a Atenea como el culo, y sin preguntarle a nadie decidió convertir los cabellos de Medusa en una maraña de serpientes y los ojos de Medusa en emisores de rayos gorgonizantes, transformándola en un monstruo vengativo.
(2) La mitología griega es como el universo Marvel elevado a la décima potencia y si pasas aunque sea dos minutos mirando por encima la lista de dioses, semidioses, monstruos, titanes, ninfas, héroes y caballos con cabeza de hombre expertos en medicina que salen por todos lados, y las relaciones telenovelescas que se establecen entre todos ellos, te sientes más perdido que viendo un capítulo de la tercera temporada de Twin Peaks de atrás hacia delante, pero las tres Grayas (también conocidas como Greas, y cuyos nombres eran Horror, Temor y Alarma) eran producto de la unión entre un dios antiguo de mar llamado Forcis y un monstruo marino llamado Ceto.
(3) Hades era al mismo tiempo el término con el que los griegos primigenios designaban las cavernas del mundo subterráneo y el nombre del dios que gobernaba en ese ámbito. Ambigüedad que es bastante común en esta mitología y por eso resulta que enterarse de algo cuesta el doble.
(4) Más tarde te enteras de que Perseo usó las sandalias tácticas aire-tierra para ir a una isla a toda pastilla.
(5) El burro no era un juego muy complicado, pero no obstante estaba lleno de emoción. Consistía en barajar el mazo de cartas, repartirlas entre los que hubiera (mis hermanas, la muchedumbre habitual de primos y primas y yo), y luego cada cual iba dejando las cartas sobre la mesa, por turnos. Aquel que tenía el as de oros perdía, y entonces se sometía a un procedimiento que llamábamos la tortura del burro. Generalmente se hacía con la mano derecha del perdedor, pero en ocasiones especiales, como por ejemplo en Navidad, se utilizaba la cara. Los que no habían perdido elegían una carta sin ver su valor, y luego aplicaban sobre la mano (o la cara) del perdedor una tortura acorde con el palo y el número que hubiera en la carta que habían elegido. La tortura de las espadas consistía en dar golpes con las uñas, tantos golpes como espadas hubiera en la carta elegida; la de copas, en golpear con un vaso, tantas veces como copas hubiera en la carta elegida; la de oros, hacer rodar sobre la piel una moneda, en esos tiempos de las de cien pesetas, que tenían un borde bien gordo, tantas veces como oros hubiera en la carta elegida; y la tortura de los bastos, que era la más temida, básicamente consistía dar una hostión con el puño cerrado tras levantarlo todo lo posible, tantas veces como bastos hubiera en la carta elegida. Por algún motivo, siempre perdía yo. Por alguna razón, no me gustaba mucho jugar a las cartas en Navidad con la familia.
(6) La verdad es que mi hermana no contaba toda la historia, sino que soltaba una versión del mito muy particular en la que Perseo era un canalla y Medusa una especie de heroína romántica incomprendida. Más tarde, siendo ya un señoro hecho y derecho, me enteré de que según el mito clásico Perseo fue a la caza de la Medusa para salvar a su mamá, raptada por un rey cabrón. Llegó justo cuando el rey cabrón iba a casarse con su madre a la fuerza, sacó la cabeza de Medusa de un saco, le dijo a su madre que cerrara los ojos y luego aplicó los rayos gorgonizantes a la concurrencia. Después de eso, o antes de eso, no lo sé muy bien, se casó con Andrómeda y llenó el Sahara de serpientes venenosas generadas por la sangre que goteaba de la cabeza de la gorgona. Y otras movidas que ahora mismo se me mezclan con las desventuras de los protagonistas de Al salir de clase.
(7)
(8) Otro mito familiar era el de la Mano Negra. Mi otra hermana, a la que podemos llamar la hermana menor, sufría, y creo que todavía sufre, episodios en los que tenía extrañas visiones justo antes de dormirse. Según contaba, la más común era la de una mano grande y negra, con largos y negros dedos, que se abalanzaba sobre ella, más oscura que la oscuridad (esas eran sus melodramáticas palabras). Creo que a mi hermana menor no le hacía mucha gracia, pero el resto de la familia, incluyendo a mis padres, sí que nos la hacía, y siempre le estábamos tomando el pelo con el asunto de la Mano Negra. Hasta nos poníamos guantes negros y se los pasábamos por la cara cuando dormía. A ella le daban auténticos ataques de pánico, nosotros nos partíamos el culo, y así transcurrían los días en una familia normal en la España de los noventa: llenos de alegría.

















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